Por Lorenzo de Ara
Estas son cifras que producen pavor. Nadie, por lo menos nadie en su sano juicio puede permanecer impasible cuando se informa de que el paro subió más de 36 mil personas en el mes de julio y eso deja la cifra de desempleados como la más alta desde abril de 1998.
Desde julio de 2007, la cifra de personas que han perdido su trabajo alcanza casi el medio millón, y mientras tanto, la filiación a
Es cierto que la subida del precio del barril del petróleo agrava todavía más la situación de crisis que, tristemente, ahora sí ve el Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. Pero no es menos cierto que ese mismo gobierno, al que votaron más de once millones de españoles, mintió y engañó al electorado para no perder las elecciones que le garantizarían otros cuatro años de poder.
La gran mentira socialista, perfectamente elaborada y pergeñada desde Ferraz, acunó los sueños de los inocentes españoles que veían en la derecha una máquina de triturar los logros sociales.
Afortunadamente, esa derecha liderada por Mariano Rajoy ha experimentado un viraje muy necesario. El centrismo del que hace gala el gallego, -y en el cual yo nunca he creído-, mantiene abiertas las expectativas de una victoria electoral. La derecha ha sabido terminar con su guerra interna y desde hace algún tiempo trabaja haciendo oposición; oposición verdadera y sin mediadores.
No descubro nada bueno al dejar escrito que la derecha española ha tenido la ardua tarea de enderezar las cuentas del Estado cuando el PSOE, gracias al voto, ha perdido la oportunidad de perpetuarse en el poder.
Desde 1996, con la llegada a
La intervención en quirófano durante los dos gobiernos de la derecha pusieron a España en su sitio, o sea, en la primera velocidad de
Ningún gobierno a los pocos meses de revalidar su mandato había perdido la confianza de los españoles de forma tan nítida y drástica. ¿Suficiente para plantearse un adelanto electoral? Zapatero dirá que no. Mariano callará por respeto. Los partidos minoritarios buscarán primero algunos acuerdos para satisfacer sus eternas demandas, basadas en la mentira y la demagogia.
Quienes de verdad sufrirán las consecuencias de esta crisis son los que ahora veranean, comen gambas y se tuestan bajo el sol. Esos, y no otros, son los que, en septiembre, sentirán en la piel, y también en el alma, las terribles heridas de una equivocación democrática, pero equivocación al fin y al cabo.
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