miércoles, 15 de octubre de 2008

SIN AMIGOS Y DESCUBIERTO

El “gran” Sarkozy llamó a los que él considera los verdaderos aliados políticos y económicos de la vieja Europa. Los llamó para sacar algo en claro de lo que está ocurriendo con los dineros de unos pocos que al final provocan el caos y la miseria en los que tienen muy poco.
El galo no quiso tocar a la puerta de Zapatero para comprobar si éste tenía un rato libre. Lo conoce muy bien y sabe que el inquilino de la Moncloa es un hombre sin temple, y lo que aún es más grave, es un hombre sin palabra.
Pero Zapatero no soporta por mucho tiempo la soledad de los perdedores, de los que no son nadie en el mundo. El socialista más radical de la Europa civilizada prefiere aparecer en la película, aunque sea como actor secundario, a tener que ver la cinta en una sala de cine rodeado por el público que ha pagado religiosamente (perdón) la entrada.
Así, de repente, Zapatero sale en defensa de sus bancos. Todo el dinero que haga falta, y más. Y después viaja a la casa del “amigo” Sarko en busca y captura de una foto que quede bien en la portada de El País y El Público. Y más adelante otra foto con los mandamases de la eurozona, siempre con el pelmazo de Sarko en el centro, y ese setentón italiano que no deja que España entre en el selecto grupo de los más desarrollados.
Cuando nos habíamos acostumbrados a escuchar de la boca del gran pacificador, que los bancos españoles no necesitaban ningún tipo de ayuda, y mucho menos España; cuando ya nos creíamos inmunizados ante la crisis global, resulta que entonces se abren las ventanas de la casa y por ellas se cuela el aire tórrido de la recesión. Es menester inyectar dinero por la vena primera que se tranque. Dinero público, claro, para salvar la vida de los bancos privados que tan dulce nos hacen la existencia parasitaria.
Jesús Cacho asegura que en un mundo con más de 6.000 millones de seres humanos es imposible vivir sin bancos, sin cajas de ahorro y sin intermediarios financieros. Tiene razón. Es algo así como el mal sueño de un exiliado que no tiene patria, pero al que le instalan, allá por donde pase y se detenga, un banco, una caja o un intermediario financiero.
Zapatero quiere ser un político internacionalmente fuerte. Es verdad, también lo adelanta Cacho, que no tiene apellido alemán ni francés, pero es un español que de inesperado ha visto la luz y sin caía de caballo. Incluso ha sentido el deseo de llamar al líder de la oposición, -el que se aburre el Día de la Hispanidad-, para informarle –que no consultarle- de lo que ha dicho y hecho desde que no le quedó otro remedio que enterrar su gran y provechosa mentira.
¿Quince por ciento de paro dentro un año? ¿Inflación galopante? A todo eso nos acostumbramos desde ya.
Zapatero tiene un plan, es el plan de los mentirosos cuando son descubiertos. Se aferra a la verdad de la calle para hacer creer que nunca dijo lo que dijo y nunca hizo lo que hizo.
¡Qué pena que el “gran” Sarko lo conozca tan bien!
Lorenzo de Ara

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