viernes, 23 de enero de 2009

CHIANTI: EL NÉCTAR DE LA TOSCANA

En la mente de muchos, el chianti sigue siendo un vino barato y áspero cuyas botellas, tras ser despojadas de su cuestionable mosto, servían de candelabro, ya que la pajita que cubría su silueta pipona, aunada a la vela roja y al mantel de rigor (de cuadros también rojos, por supuesto) gritaba ¡macarrón!
En asuntos gastronómicos italianos, ya hemos superado al macarrón, y conocemos de tagliatelle, tortelloni y cappellini; de risotti, antipasti, primi y secondi piatti: de buen prosciutto di parma y olio extra vergine pero aún nos falta mucho en lo de los vinos: que sirva ésta de epifanía, puesto que 1997 fue el mejor año para la cuna del Chianti, esa magnífica región llamada Toscana, cuyo corazón es Florencia. Los toscanos se han puesto las pilas en las últimas décadas y han comenzado a elaborar vinos con mayor conciencia, eligiendo las mejores y más antiguas cepas para producir vinos de autor, desde la veterana casa de Antinori, que brega en barricas desde el siglo XIV, hasta la arrivista Banfi, que aunque apenas lleva dos décadas en la región, ha tenido el atrevimiento de producir unos vinos realmente extraordinarios, como los laudados Summus y Excelsus.
El chianti tradicionalmente se hace con una mayoría de uvas Sangiovese, con mezclas de otras nativas de la región como las Trebbiano, Malvasia y Canaiolo, así como otras uvas no tradicionales: por ejemplo Cabernet Sauvignon. La Toscana produce vinos desde antes de que Italia fuera Italia, cuando la región era conocida como Etruria, y sus habitantes, los etruscos, hacían vino (por lo menos) desde el siglo VIII a. C., hasta que fueron absorbidos por los romanos en el siglo III a.C. Aunque la región ya no domina en lo político ---amén de que Florencia fue un importante centro económico y financiero durante el medioevo---, es la cuna de la lengua, del arte y la literatura italiana. El paisaje, inmortalizado por grandes artistas desde Giotto hasta Miguel Angel, sigue igual hasta nuestros días: verdes colinas, cipreses que miran al cielo y una riqueza gastronómica que la hace destino obligado del peregrino gourmet.
Pero no todo en la Toscana es Chianti: últimamente italia entera se ha renovado, produciendo, además de los vinitos potables y económicos de antaño, verdaderas gemas, vinos de autor que reciben el sobrenombre genérico de “supertoscanos”, muchas veces con mezclas de Cabernet y Sangiovese, pero que también pueden ser monovarietales: Merlot, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir y por supuesto, Sangiovese, que sigue siendo la principal uva de la región, en materia de tintos.
En materia de etiqueta, predomina la geografía. Aquí nos hemos dedicado principalmente al Chianti Classico, y ya en otra ocasión les informaremos sobre los Barolo, los Brunello di Montalcino y los vinos de Montepulciano.
En esta edición reseñamos parte de lo que ofrece el mercado, pues se pueden encontrar algunas botellas muy interesantes, para todos los gustos y bolsillos. Incluyo algunos que no califican como chianti pero que nos gustaron muchísimo. ¡Salud!

Antinori Solaia, docg Chianti classico riserva 1998. Este vino, fabricado con Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Sangiovese, es uno de los grandes supertoscanos. The Wine Spectator eligió al Solaia del 97 como vino italiano del año para 2001, y ya el valor de la añada se ha triplicado. El Tastevin, $110.00

Banfi Excelsus y Summus, ambos docg Chianti classico riserva. También espectaculares, con un equilibrio maravilloso. Vale la pena buscar el 97, pero conformarse por el 98 no es sufrimiento. Felipe Motta, $49.50 y $41.00 respectivamente.

Ruffino Nero del Tondo, vino da tavola tenimenti Ruffino 1994. Este vino hecho a base de Pinot nero no es un Chianti en el sentido de la palabra, pero se deja comer, con un asado o con una pasta de salsa recia. Brostella, $29.95

Ruffino Riserva ducale oro, docg, Chianti classico riserva, 1997. Lo catamos contra el Tenute Marchese Antinori y el Banfi Chianti Classico Riserva y gustó mucho más, tal vez por la añada. En boca y nariz mucha mora, algo de chocolate, mucho equilibrio entre acidez y fruta. Un vino que se puede tomar solo, aunque también con asados y caza. Brostella, $24.95

Antinori Tenute Marchese Antinori, docg, Chianti classico riserva, 1998. Un vino de gran cuerpo, se recomienda que respire un par de horas. Bello color rubí con tonos granates, con sabores de cereza, mucho tabaco, cuero y cedro en nariz. El Tastevin, $21.00

Banfi Tavernelle, Cabernet Sauvignon, 1997. Aunque no es un chianti, la añada lo hace excepcional y lo tomaría con cualquier cosa, cualquier excusa. Felipe Motta, $20.50

Nozzole, docg Chianti clasico Riserva, 1995. Listo para tomar, buena compra, arquetípico Sangiovese con muchas bayas y moras, Felipe Motta, $19.50

Banfi, Chianti, docg, Chianti classico riserva, 1998. Muy seco, con aromas de cerezas, cuero y hierbas de aromas pronunciados, todavía puede guardarse por varios años, y si lo decide abrir ahora, decántelo con un par de horas de anticipación, ya que no es un vinito ligero. Felipe Motta, $15.30

Antinori Peppoli, docg, Chianti classico, 1999. Creado para tomarse joven para poder disfrutar sus aromas de frutas maduras, equilibrado en boca, elegante y con buena estructura, es una buena compra. El Tastevin, $14.50

Banfi Rosso di Montalcino, dog, 1999. Me encantó este vino que aunque joven es muy redondo, aterciopelado, de un rubí profundo y cuerpo generoso. Buen comodín. Felipe Motta, $14.25

Frescobaldi Nipozzano, docg, Chianti rufina riserva, 1995. Buena compra, muy seco y con mucho cuerpo, para caza, carnes, quesos y ¿qué tal un buen sancocho de res?, Brostella, $13.95

Antinori Santa Cristina, doc, Chianti, 1998. Para tomar ahora mismo, con bellas tonalidades de rubíes y granates y aromas de frutas oscuras; paladar medio, mucho tanino. El Tastevin, $12.00

Antinori Villa Antinori, docg, Chianti classico riserva, 1998. Perfecto con una pasta rociada con una salsa Puttanesca, arrabiata o de berenjenas, o con unos gnocci. El Tastevin, $11.55

Borgo Salcinetto, docg, Chianti classico, 1996. De Sangiovese con Cannaiolo, se recomienda con caza, carnes y pastas, así como con un buen queso. Felipe Motta, $11.50
Frescobaldi, Remole, docg Chianti, 1997. Por este precio, hasta con una pizza me lo tomo. Eso sí, una buena pizza que le haga honor a este vino de estructura equilibrada y sabores armoniosos. Brostella, $7.95

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario,tu opinión puede ser importante para los demás lectores.Gracias