La normativa sobre fitosanitarios aprobada por el Parlamento Europeo y que hoy ratifican los ministros de Agricultura podría afectar a un 74% de la producción de cítricos y a entre un 40% y un 80% del olivar.
Malos augurios para los cultivos andaluces. El Parlamento Europeo acaba de aprobar una normativa que va a reducir el número de fitosanitarios que se usan en la agricultura europea. Aunque se suaviza la propuesta inicial, que llegaba a eliminar del catálogo disponible aquellos productos que tuvieran un peligro sólo potencial, las organizaciones agrarias creen la medida afectará gravemente a ciertos cultivos, como el olivar, el algodón o los cítricos, vitales para la agricultura andaluza. Un informe de octubre del año pasado de Asaja, anterior a la resolución definitiva, cifraba en un 50% la producción de algodón que se podría perder, entre un 42% y un 84% la de olivar y en un 74% la de los cítricos. También se verían afectados, en distinta medida, frutas, pimientos y tomates. Según el secretario general de GOAG, Miguel López, "la producción hortofrutícola podría caer entre un 30% y un 40%" y "la caída terminaría redundando en una fuerte subida de precios.
Hoy mismo el Consejo de Ministros de Agricultura se reúne, entre otras cosas, para ratificar la normativa del Parlamento, primer paso para redactar el reglamento, que será clave para saber hasta qué punto afectará a la agricultura andaluza el recorte europeo de plaguicidas. Una vez aprobado, será el turno de cada estado, que tendrá que aplicar la norma en su territorio, y para ello Asaja calcula que pasarán al menos dos años.
El director general de la patronal del sector (Aepla), Carlos Palomar, afirma que, pese a que ciertas modas y tendencias llevan a la sociedad a situarse en pro de la agricultura biológica y en contra de los procesos de producción químicos "sin fitosanitarios no sería posible una agricultura capaz de producir alimentos saludables, suficientes y asequibles para todos". Según Palomar, los insecticidas, herbicidas y fungicidas son fundamentales para combatir las plagas. A este respecto, el máximo responsable de COAG añade que "hoy por hoy, no existen otras alternativas" por lo que "no se entiende esta decisión precipitada, salvo que obedezca a algún tipo de propósito comercial encubierto por el lobby protransgénicos", matiza López. "Nosotros no queremos el uso indiscriminado ni abusivo de fitosanitarios, simplemente queremos aportar soluciones", añade Palomar. De hecho, el uso desproporcionado limita la eficacia del plaguicida porque los insectos y hongos se habitúan a él y desarrollan un factor de resistencia nada deseado en el sector. Lo mismo ocurre al eliminar variedades de fitosanitarios, ya que es necesario utilizar distintos tipos en el tratamiento de una plaga para evitar que se generen resistencias.
Desde el sector, la decisión comunitaria de reducir plaguicidas mediante una regulación más estricta no tiene sentido. "El uso de estos productos ya está regulado mediante una normativa muy estricta que impide que su uso sea peligroso; además nosotros no sólo vendemos fitosanitarios sino también la forma de emplearlos para que los agricultores no corran riesgo", apunta Germán Canomanuel, de Sygenta Agro, quien incide en que la buenas práctica de los agricultores durante la aplicación, almacenamiento y eliminación de fitosanitarios garantiza esa seguridad. Pese a ello, el Parlamento Europeo no ha dado marcha atrás y ha aprobado unas enmiendas que, de consolidarse, podrían suponer una reducción una parte sustancial de los ingredientes activos y de la mayoría 90% de los insecticidas. Tal y como explica Germán Canomanuel, la Unión Europea pretende eliminar estos ingredientes "sin tener en cuenta que las medidas y las condiciones reales de su uso no implican ningún riesgo". "El Parlamento Europeo se basa en condiciones irreales de utilización, con dosis excesivas y lejanas al día a día de los agricultores", afirma.
Por su parte, José Luis Ripollés, ingeniero agrónomo y experto en el cultivo de cítricos en España, destaca que el control químico de manera racional y en las dosis necesarias es la solución del sector citrícola. Sin embargo, la propuesta comunitaria "podría dejar a los agricultores sin las herramientas necesarias para proteger sus cultivos y responder a las exigencias de los consumidores europeos". Ripollés explica que para combatir plagas como el piojo rojo de California, la araña roja y la mosca de la fruta es necesario acudir a la lucha química puesto que la biológica, por si sola, no permite controlarlas. Los productos vetados para nuestros agricultores, sí pueden ser utilizados por otros de terceros países citrícolas -como es el caso de Marruecos- cuyos productos sólo tienen que cumplir con los límites máximos de residuos que marca la UE para entrar en nuestro mercado. Ante ello, COAG ha reclamado que se refuercen los controles en la frontera ya que no tiene sentido limitar cada vez más el uso de plaguicidas en Europa y permitir la entrada de productos procedentes de terceros países que no cumplen los requisitos.
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