lunes, 27 de abril de 2009

El cambio en el País Vasco del pacto PSE-PP, amenazado de muerte

LAEDICION.NET.- En otros lugares resultaría inconcebible. Pero los socialistas vascos están encontrando gravísimas dificultades para repartir importantes puestos políticos. Hay miedo.
Josu Jon Imaz afirmaba ayer en una entrevista concedida a El Correo que "conmociona que un cargo en el nuevo Gobierno suponga una amenaza de muerte". Es muy significativo que el que fuera presidente del PNV hasta tiempos muy recientes haga unas afirmaciones de estas características, máxime cuando su viejo partido está deslegitimando todos los días la posibilidad de un cambio democrático en el País Vasco, y cuando dicho partido nunca ha estado amenazado por ETA durante las casi tres décadas en las que ha ostentado el poder.

Imaz no habla por hablar. Ha trascendido que el PSE está encontrando dificultades extremas para ocupar los 600 puestos de libre designación en que se ha cifrado el pastel político a repartir. Ni vaciando el partido pueden los socialistas vascos ocupar tal número de puestos públicos de confianza; asesores, jefes de gabinete, jefes de prensa, viceconsejeros, directores e.t.c. Puestos todos ellos bien remunerados y que en circunstancias normales, más aun en tiempos de crisis, y en cualquier país normal, serían trabajos y ocupaciones codiciadas. Es más, habría disputas y peleas para ocupar los mismos y muchos serían los aspirantes para cada puesto.

La situación en el País Vasco es la contraria hasta el punto de que incluso han existido dificultades para el hallazgo de nuevos consejeros. El hombre que había aceptado ser consejero de Industria acabó rechazándolo por razones familiares según informaba la prensa la semana pasada. Ciertamente, hay mucho miedo.

Y hay motivo, sin duda, para el miedo. La ETA ha amenazado expresamente a todos los futuros cargos del próximo gobierno, y se han descubierto y desbaratado planes, por ahora, para atentar de alguna manera durante la investidura de López como leendakari.

La situación es ciertamente grave. Y no basta con centrar la vista en los terroristas que amenazan y causan ese miedo. En necesario ir más allá. Hay que analizar la altísima responsabilidad del PNV, culpable de la deslegitimación radical y extrema, -por supuestamente antidemocrático-, del necesario cambio en tierra vasca. La actitud golpista y las proclamas patrimonialistas están detrás, como lo han estado siempre, de la justificación del terror. Si en treinta años de poder, el PNV ha evitado la deslegitimación frontal y total del terrorismo, imagínense ahora que están en la oposición, rabiosos, despojados de lo que consideran –falazmente- el bastón de mando de su padre, de su abuelo, de sus antepasados. Hoy, en esta hora de cambio en el País Vasco, el PNV se ha convertido en un agente para la subversión y su discurso es el mejor caldo de cultivo parael crimen.

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