Aunque en el caso de Obama se pudiera presuponer, hay que denunciar la incoherencia en el discurso de un político que se ha presentado como paladín de los derechos humanos y que contribuye de esta forma a que el drama de los millones de abortos siga creciendo. Y es que una de las primeras medidas que ha tomado Barack Obama como presidente de los Estados Unidos ha sido dejar la puerta abierta a la financiación estatal de grupos abortistas. No supone una sorpresa, en sentido estricto, puesto que Obama ya había mostrado su disposición a tomar esta iniciativa, aun en contra de la opinión de la gran mayoría de los norteamericanos.
La medida aprobada por Obama hurga en la herida y contribuye a acrecentar la división, cabe recordar que Estados Unidos ha sufrido durante décadas una profunda división con la llamada guerra cultural como telón de fondo. Y es que resulta muy decepcionante que el Presidente de los Estados Unidos crea que puede decidir sobre la vida y la muerte y que autorice de esta forma una masacre de inocentes. Es, en primer lugar, un atentado contra los derechos humanos y contra la dignidad inviolable de cada persona, pero además es un error de bulto en una Administración que pretende reducir el número de abortos y que sin embargo financia, con el dinero de todos, a unos pocos que quieren lucrarse con el negocio de los abortorios.
Jesús D Mez Madrid
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