LAEDICION.NET.-Tiene bemoles. Julián Muñoz anda un tanto desesperado porque no encuentra una carta, nunca vista, de Isabel Pantoja en la que, al parecer, habla a calzón quitado sobre sus sentimientos más íntimos. Está en un sin vivir. Su vida se ha tornado angustia, desespero, irritación y hasta locura transitoria. Qué horror. Julián Muñoz ya no es el mismo, su carácter se ha agriado hasta el extremo. Todo cambió para este caballero de mostacho afilado el día en el que entregó tres maletines repletos de documentos que, como la falsa moneda, de mano en mano van y ninguno se los queda. Han sido sus vellocinos de oro, y ahora no sabe quién los tiene. Es como el carro de Manolo Escobar, que sigue rodando y rodando a manos de un desconocido. Curiosidades de la vida, a Julián le ha ocurrido lo mismo. Revisando entre sus pertenencias, apartando las greñas de su bigote, se dio cuenta de que echaba en falta un documento revelador. Una carta escrita de puño y letra por Isabel Pantoja. Una declaración de intenciones. La Biblia en verso. Un documento que, al parecer, desvelaría si lo que entre él y su gitana existió fue amor o frenesí. Qui lo sa. El asunto trae a maltraer a este fortachón que ya no sabe donde cobijarse. Me cuentan que tan desesperado está que hasta se plantea conversar con alguno de los trotaconventos de cabecera para sonsacarles. Marramiau. Veremos si también salen a la luz pública las cartas de los periodistas que un día mandaron al centro penitenciario donde guarecía Julián. Insisten en que también está la mía. El temita epistolar ha arrancado los nervios de cuajo a más de uno. Bien lo sabe Joana Morillas que estos días todo son llamadas para que se les tranquilice. Es la asesora espiritual de los que nos dedicamos a fisgonear en las vidas ajenas. Ella y Fosky, todo un caballero, un señor que se viste por los pies y que vale más por lo que calla que por lo que cuenta. Él sí que es leal, alguien cuya seriedad y buen hacer profesional están fuera de toda duda. Ha sido cuello, corbata, volante y hasta paño de lágrimas en los mejores y peores momentos. Nadie sabe más que él. Y es el único que se salva de ese oscuro entorno.
Isabel Pantoja, en el ojo del huracán
Mientras tanto, niña Isabel, desde su atalaya malaya, sigue dando conciertos, exprimiendo la muerte de aquel torero de mirada cristalina que la dejó tocada y casi hundida. ¡Pero qué manía de sacar a pasear a Paquirri cuando vienen mal dadas! Ella que tanto gime cuando ve las imágenes del diestro cuasi moribundo, sigue promocionándose anclada a esa lágrima fácil que tanto vende. Como cantante no tiene precio, como actriz le falta talla y hasta volumen. Quizás ahora las lágrimas vengan de verdad. Tanto invocar al lobo y el lobo ya está aquí en forma de procesamiento. ¡Ay, por Dios! Y su abogada, Graciela Otondo, diciendo que nada ha cambiado. Quizás le parezca poco que su mediática clienta a lo peor tenga que compartir banquillo con Julián y Maite. ¡Qué morbo, eso será cuasi más importante que el descubrimiento de la Piedra Rosetta! El gremio periodístico anda revolucionado y colapsa los juzgados para saber cómo deben acreditarse para cubrir una vista que promete ser histórica. De momento, Isabel anda con la soga al cuello. Nerviosa, cabizbaja y descangalla. Dicen que está buscando soluciones, consultando y rogando. Viviendo y aprendiendo. Ella, que rebuzna contra la prensa del corazón, incluso ha enviado un comunicado mareando la perdiz. Pero los datos están ahí. Y las acusaciones también. Ahora será el momento en el que la tonadillera baje del escenario, sacuda su soberbia y se explique desde la serenidad. Esta es la historia de una cantante que subió a los cielos y descendió a los infiernos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario,tu opinión puede ser importante para los demás lectores.Gracias