lunes, 11 de agosto de 2008

Alboloduy, capital por un día de la tradición y folclore de la Alpujarra

Más de 15.000 personas participaron ayer en el XXVII Festival de Música Tradicional de los pueblos de la Alpujarra

En la autovía que vertebra a Andalucía, el alpujarreño Alboloduy ya está incluido en la señalización. En la carretera comarcal, también existen indicadores, algo que traía a mal traer a su alcalde, Antonio Salvador Matarín Guil, "la verdad es que tengo que agradecer a la nueva delegada provincial de Obras Públicas y al nuevo Jefe de Carreteras su implicación y su interés por una reivindicación histórica del municipio. Se lo reconozco públicamente porque es una reivindicación que llevábamos muchísimos años haciendo y ellos lo han resuelto en un tiempo récord".

Así pues, se acabaron las excusas para acercarse a Alboloduy sin equivocar tres o cuatro veces el camino, y menos en un día como el de ayer en el que más de quince mil personas acudieron a disfrutar del XXVII Festival de Música Tradicional de la Alpujarra. Cuenta Isabel Ruiz Joya, de Almócita, que siendo niña le oía a su abuela y a su madre cantar una canción cuando iban con otras mujeres a recoger la aceituna en las tardes de invierno: Recogiendo aceituna se hacen las bodas/ recogiendo aceituna se hacen las bodas/ el que no va a aceituna/ no, no se enamora/ no, no se enamora/ no se enamora.

Cualquier actividad rural en la que se unían personas de diferentes familias servía para propiciar amores de las jóvenes casaderas. En cualquier caso, aunque no fuese para ennoviar, ya fuese en la monda del almendro, de granijo, de farfollas y de la panocha, se juntaban mozas y mozos que, una vez terminada la faena, bailaban al son de la música que los mayores ponían en el aire.

La cultura popular alpujarreña se transmite oralmente de padres a hijos desde cuando ya ni recuerdan los más mayores de la zona cuyo temor es que se pierdan con el paso del tiempo. Sin embargo, los jóvenes de la Alpujarra han puesto manos a la obra en la labor de rescate de las tradiciones. De este modo se han recuperado instrumentos musicales, músicas y letras que ya no quedarán en el olvido. Tengo el corazón herido y las heridas me duelen, /algo lejos de aquí está quien la medicina tiene./ Tengo el corazón herido y la sangre me provoca/ de que te vide ayer tarde de conversación con otra.

Estas dos estrofas cantadas por una mujer a las que responde un hombre, es interpretada en el amplio escenario de la inmensa carpa ubicada perpendicularmente al puente que cruza el río Nacimiento. Uno tras otro todos los grupos representantes de los pueblos alpujarreños suben al escenario con su ropas tradicionales: En el transcurso de la mañana lo hicieron: La Asociación Cultural "Los Tres Caños", de Almócita; Grupo de Pensionistas, de Berja; Los Viñeros, de Vícar; Villa del Río, de Paterna del Río; Alquería Viva, de la Alquería de Adra; Talama, de Bayárcal; El Auxar, de Laujar de Andarax; además de los troveros "Sotillo y Sevilla" que hicieron el primer trovo en recuerdo de los que ya no están con nosotros.Quien sí está, y con su hijo son cinco las generaciones que se dedican a endulzar la vida de las buenas gentes, es Miguel Ibáñez Valentín, "El Dulcero". Ahí es nada cinco generaciones vendiendo dulces de fiesta en fiesta, que ya su abuelo y su padre recorrían las ferias a lomos de bestias, lo que es la vida, con el turrón, fetén de bueno, de un lado a otro.

Cada grupo participante en el vigésimo séptimo Festival de Música Tradicional de la Alpujarra ha indicado previamente si las canciones que van a interpretar son piezas rescatadas, composiciones nuevas o creaciones nuevas sobre breves cancioncillas ya existentes.

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