Hoy, la publicidad rebasa todos los límites del buen gusto y la prudencia en nombre de la libertad no sé si de expresión o de perversión. Circulan unos autobuses por mi ciudad exhibidores de un acto premasturbatorio como lo más natural del mundo. No importa si contraría, escandaliza o trastorna las mentes de los más pequeños, con tal de que el anunciante que paga, en este caso el productor de una película pornográfica, quede satisfecho. El ciudadano es acribillado a diario con imágenes sexo-subversivas sin pedirle permiso, ya encienda la TV, se coma un helado, abra una revista o visite Internet. Sin embargo el ayuntamiento de Madrid ha prohibido dicha publicidad en ese transporte público por considerarla ofensiva. Felicidades.
M. Dolores Bravo
jueves, 16 de octubre de 2008
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