martes, 11 de noviembre de 2008

“Volver al Pacto de Toledo”

Cuando hace ahora más de una década se firmó el Pacto de Toledo, algunos le llamaron el Pacto de las Tres Culturas, porque era el fruto de una entente cordial entre sindicatos, empresarios y partidos políticos, mientras que otros lo denominaron el Pacto de los Montes… de Toledo, porque les parecía que su deliberación había sido demasiado larga y polémica.
En todo caso, le llamen como le llamen, hay que reconocer que, a día de hoy, es innegable la importancia de aquel acuerdo fundamental para el presente y sobre todo para el futuro de nuestra sociedad. Sin ir más lejos, cuando hace unos años, visitó España la comisaria europea de Asuntos Sociales, la griega Anna Diamantopoulou, elogió públicamente este documento, confesándose una de sus más fervientes entusiastas.
Dicho lo cual, tenemos que asumir la realidad actual. Los tiempos cambian y las necesidades se transforman, por lo que, considero necesaria una revisión del Pacto de Toledo que afronte los deberes pendientes y garantice una mejora en los sistemas de protección social así como un progreso en la sostenibilidad del sistema público de pensiones.
A mi juicio, los políticos no pueden guardar silencio ante las graves dificultades estructurales que sufre el sistema financiero, al contrario, deben de ser sinceros, explicándole a la ciudadanía que, para volver a la senda del crecimiento y del empleo, es imprescindible redoblar esfuerzos y plantear reformas de gran calado porque para afrontar con éxito esta crisis se requieren grandes dosis de responsabilidad, disciplina y dedicación por parte de todos. A nadie se le escapa que, en una época de desconfianza e incertidumbre, los verdaderos líderes son aquellos capaces de transformar una crisis en una oportunidad, profundizando en el diálogo social, a la vez que ofreciendo puntos de referencia claros.
En este contexto, considero que es una obligación de los colectivos sociales retomar el Pacto de Toledo como medida urgente e inmediata para enfrentar la situación, mostrando seguridad ante las dudas en los mercados y los temores en las familias.
En mi opinión, hay reivindicaciones justas que no pueden posponerse por más tiempo, como la prolongación de la vida laboral, para impedir que las personas que se jubilen actualmente malvivan con pensiones míseras, así como evitar posibles escenarios de riesgo, apostando por reformas prudentes pero continuadas para reforzar el sistema de pensiones.
Sinceramente pienso que los grupos políticos deben tener el coraje de explicar estas reformas y de llevarlas adelante; porque su primer compromiso es corresponder al esfuerzo de los ciudadanos, asegurándoles el mejor futuro posible.

José-Domingo Lázaro Álvarez
jdlazaro@yahoo.es

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