El escritor sevillano participó en una conferencia organizada con motivo del centenario del centro • El salón de actos del colegio estaba repleto de estudiantes
LAEDICION.NET.- No eres tú. Porque lo que ven los demás de ti, es tu personaje. Te crees diferente al personaje que ves en ti. Pero está ahí. Etéreo.
Manuel Pimentel comenzó su intervención ayer en el colegio La Salle con una fuerte ovación. Los cientos de estudiantes que llenaron el salón de actos conectaron desde el principio con el escritor. Sin que abriera la boca, supo ganarse al auditorio. Algo que sólo consiguen los más privilegiados. Además, los alumnos eran exigentes. Querían saberlo todo. Conocer el por qué de aquella charla en horario lectivo. Saber quién era realmente ese hombre con marcado acento sureño. Y se dio a conocer. El profesor de Ciencias, Antonio Galindo, se mostró emocionado al repasar la amplia bibliografía de un hombre que renunció al cargo de ministro por convicciones personales. "Seguramente que no coma hoy, porque ya me he alimentado bastante", aseguró el docente.
Confesándose como un enamorado de Peña Larga, Galindo aseguró que este texto debería considerarse como "imprescindible para los alumnos de ciencias" y calificó a Pimentel como "profeta" ya que "cuando escribió El librero de la Atlántida ya estaba haciéndose eco de lo que más tarde sería una enorme crisis en el sector de la construcción".
La narrativa ágil y rápida del sevillano fue objeto del análisis de quienes acompañaban al autor, entre los que se encontraban el director de Almería Actualidad, Antonio Lao y el director técnico del colegio, Teodosio Oliver. "Estamos hablando de historias que convergen, que terminan por engancharnos", resaltó Galindo. De este modo, tomó la palabra Manuel Pimentel, que agradeció las palabras del profesor de ciencias. "Cuando te dedicas a escribir, y alguien hablar bien de lo que haces, siempre te sonrojas", explicó. Destacó la importancia de un acto organizado "para celebrar los cien años de La Salle porque a esta edad no se llega todos los días" y aseguró que "existen pocas instituciones que han llegado a esta cifra".
Pimentel afirmó conocer "muy bien" a la sociedad almeriense, debido a lo que "he podido ir comparando como ha cambiado con el paso del tiempo". "Pronto seréis vosotros los protagonistas de esta actividad", destacó el escritor que dejó claro que "voy a hablar de literatura, así con todas las letras aunque a veces os atemorice sólo hablar de ella".
"En mi caso, es todo lo contrario, es mi pasión, mi vida, mi andamiaje, porque la literatura no sólo es leer, es ver lo que hay tras la lectura". Poco a poco, con sus explicaciones, fue calando en los presentes. Miradas atentas, fijas en la mesa situada en el escenario del salón de actos y risas de cuando en cuando. Complicidad y sencillez. Pero todo muy claro.
"Vosotros tenéis dos opciones: ser protagonistas pasivos o actores secundarios o elegir ser activos y protagonizar la historia". Pimentel realizó con esta una de las afirmaciones más celebradas por los estudiantes. "Es más, apuesto a que entre los presentes en la sala hay más de un escritor y más de un político", destacando que "lo importante es saber transmitir, un amor imposible, unos besos... todo ello haciendo literatura".
Pimentel paseó por sus orígenes. Por sus años al otro lado de la palestra. Su pupitre, sus libros "de EGB, BUP y COU, porque soy de una generación más antigua a la vuestra", aseguró. Se definió como un alumno a quien le fascinaban las matemáticas y la física "pero que siempre quiso escribir". Un sueño conseguido ahora, sus aspiraciones que están tocando techo. Sigue con los pies en el suelo. "Mi abuelo comenzó y terminó algunas novelas, ahí empecé a sentir mi amor por la literatura", sentenció.
"Cuando empecé con esto, no había ordenadores ni nada, sólo máquinas de escribir". Y así, Olivetti en mano, descubrió los misterios de las nuevas letras, de las historias terminadas y de los mundos inhóspitos. Confesó, ante los alumnos de La Salle, que cuando tenía aproximadamente su edad, lo que más le gustaba era "leer la biografía de los autores para saber a qué edad habían empezado a escribir".
Sin darse cuenta, fue introduciéndose en la política, un ámbito en el que ascendió vertiginosamente. "No me di cuenta y ya era ministro". Mientras iba subiendo escaños, descubrió que cada vez le gustaba más estudiar. Paso a paso fue descubriendo sus argumentos. "Me he sentido enamorado de los yacimientos arqueológicos y de la historia de la antigüedad, poco más tarde vio la luz su primer libro Peña Larga. Nueva ovación. Pimentel dio por concluida su intervención.
Javier fue el primero en preguntar. La empresa y la ciencia centró la primera de las dudas surgidas. "¿Dónde encuentra la inspiración para escribir una persona que ha estudiado ciencias?".
"Tiene que pillarte siempre sentado, horas de dominio de la mano, de la técnica hasta la inspiración". Para terminar, los alumnos y profesores pidieron al escritor que les firmara ejemplares de su libro.
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