viernes, 30 de octubre de 2009

Isabel Carrasco está de baja y desde que salió de la cárcel no ha vuelto a trabajar

Sus conocidos la describen como una mujer "quisquillosa, inconformista y poco afable"

LAEDICION.NET.-REDACCIÓN.-
Hace apenas unos días, a lo lejos, con la mirada escondida tras unas carísimas gafas de sol de diseñador italiano y caminando por el bulevar de El Ejido, una mujer de melena rubia, esbelta y con nariz bien perfilada, iba dejando una estela a perfume caro a la vez que sabía que era el centro de las miradas de todos aquellos que se paran a su paso, aunque sólo fuera para observarla de reojo. A medida que avanzaba por la calle, su silencio se mezclaba con el ruido del tráfico. Es Isabel Carrasco, esposa de José Alemán, interventor del Ayuntamiento de El Ejido encarcelado en El Acebuche y, según dicen unos, y discuten otros, una de las presuntas cabecillas de la Operación Poniente de la que hoy se cumplen ocho días.

No ha vuelto a ocupar su puesto de trabajo en el área de Hacienda. Está de baja. De momento no se le ha visto desde que pagó la fianza para obtener la libertad y en el Ayuntamiento ni se le ve, "ni se le espera", como aseguran muchos. Lejos quedaron aquellos viajes "a Venecia en vuelos privados, a Madrid, o a distintas capitales europeas a comprar ropa y a gastar mucho dinero", asegura una conocida suya que insiste en no querer identificarse porque "aquí todavía hay mucha tela que cortar".

Isabel Carrasco llegó a El Ejido procedente de Almería capital y entró a trabajar en el Ayuntamiento hace más de 20 años. Lo hizo de administrativa. Allí conoció a su marido, José Alemán (recluso en El Acebuche), con quien se casó en Madrid en 2007 en una boda que fue noticia en todo el municipio y después de que el interventor se divorciara de su mujer. A partir de ahí trabajaban juntos en el mismo área, sí bien es cierto que alguien que no conociera a la pareja tampoco la identificaría como tal.

Uno de los aspectos que quienes la conocen destacan de Isabel es su carácter un tanto quisquilloso. Ese carácter inconformista y poco afable le hizo ganarse la antipatía de muchas personas que simplemente la saludaban o la hablaban por ser quién es.

Ahora uno echa un vistazo al centro y se da cuenta de que ya no huele a ese perfume caro y que la melena al viento de la rubia ejidense, de momento no volverá a vislumbrarse por el bulevar.

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