
El Real Madrid, con nueve, remonta al Valencia a lo grande
El Real Madrid apeló ayer a la extraordinaria épica para conquistar
Hubo emociones fuertes en el primer título de la temporada. El Valencia defendía una ventaja de 3-2, pero cedió ante la heroicidad del Real Madrid, que sufrió las expulsiones de los holandeses Van der Vaart y Van Nistelrooy.
Ambos equipos salieron con lo previsto. Bernd Schuster dejó fuera a Robinho y el brasileño se metió en el banquillo de incógnito, aunque no pudo evitar recibir abucheos de la grada. El Valencia repitió la alineación de la ida y se le notó que tenía las ideas muy claras en la primera parte.
El conjunto visitante situó a cinco centrocampistas y cerró las vías de creación de los blancos, minimizando las aportaciones de Guti y Van der Vaart. No le importó que la defensa blanca sacara el balón porque casi siempre se lo entregó. Y el Valencia se sintió el rey desde el primer minuto.
El Madrid no era capaz de dar tres pases seguidos y sus delanteros se desesperaban. El Valencia, muy ordenado, apenas sufría. Al conjunto local le quedaban los disparos lejanos, como uno temprano de Van der Vaart.
El Valencia se sentía mejor conforme pasaban los minutos y a los 33' llegó su gol, en una jugada muy bien armada. Los delanteros combinaron y llevaron el balón hasta la frontal del área, desde donde Silva conectó un sorprendente disparo junto al palo izquierdo de Casillas. El arquero blanco se quedó como una estatua, inmóvil y frío.
El Real Madrid apenas mostró capacidad de reacción y el Valencia situaba el encuentro en su escenario favorito. Mejor todavía se le pondrían las cosas a los 40 minutos, cuando Iturralde González mostró tarjeta roja directa a Van der Vaart por una dura entrada sobre Mata.
El Valencia manejó el encuentro hasta el descanso ante un desconcertado rival. Pero este Real Madrid es casi el mismo de la pasada temporada, con idénticos defectos y virtudes. Y una de estas últimas es su alto sentido del honor. Regresó al partido a los 50 minutos, con el gol del empate. El encuentro se volvió loco y el Valencia no conseguía bajar las pulsaciones ni siquiera cuando Van Nistelrooy también fue expulsado. Pero ahí apareció el carácter indómito madridista y avasalló a un rival timorato entre emociones muy fuertes.
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