LAEDICION.NET.-A finales del año 2006, María Luisa Sanz de Limantour -residente en Marbella y viuda del que fue embajador chileno Alberto Wittik- se presentó en el despacho del famoso abogado Marcos García-Montes. García-Montes tenía sentado ante él nada menos que a la única nieta viva del Rey Alfonso XII.
Al parecer, Alfonso XII tuvo una relación -posterior a Mercedes- con una afamada cantante de ópera, Elena Sanz, su otro gran amor, fruto de la cual nacieron dos hijos varones, Alfonso, en 1880, y Fernando, en 1881, a los que las leyes vigentes en esa época privaron de su derecho al apellido Borbón, y de su reconocimiento como hijos de rey.
Con toda la documentación recabada, en el despacho de García-Montes se ha comenzado ya -según asegura Consuelo Font en El Mundo- a redactar la denominada "demanda de filiación", que se presentará en los juzgados aproximadamente en el plazo de un mes.
Nacida en Castellón en 1844, Elena Sanz era hija de un primo del marqués de Cabra, por lo que la familia tenía cierto barniz aristocrático. El primer encuentro entre Elena Sanz y Alfonso XII se produjo cuando el monarca contaba con sólo 15 años, frente a los 28 de la bella cantante. Fue la propia reina Isabel II, admiradora y amiga de Elena Sanz, quien lo auspició para intentar evitar la boda de su hijo con su prima Isabel, hija de su acérrimo enemigo el duque de Montpensier.
Alfonso XII quedó fascinado por la diva, pero eso no evitó su boda con Mercedes, con la que se casó el 23 de enero de 1878. Mercedes murió de tifus seis meses después, dejando al rey en estado de desesperación.
Su consuelo llegaría algún tiempo después, cuando se estrenó en Madrid una ópera en la que actuaba Elena Sanz. Cuando la cantante subió al palco a cumplimentar al soberano, éste le pidió la primera cita. La diva sucumbió al amor y abandonó los escenarios.
Pero al año siguiente, en 1879, Cánovas, el jefe de gobierno que propició la restauración de Alfonso XII, le planteó la urgencia de una nueva boda para dar un heredero al Trono. La elegida fue María Cristina de Habsburgo, sobrina del emperador austriaco, pero no muy agraciada físicamente. Con ella se casó el 28 de noviembre, sin renunciar a su amor por la cantante Elena Sanz, fruto del cual nacería dos meses después, el 28 de enero de 1880, un varón, Alfonso, padre de María Luisa Sanz de Limantour. Al año siguiente nació el segundo hijo, Fernando, que moriría sin descendientes a los 43 años.
La reina María Cristina, que estaba al tanto de todo, propició la salida de España de Elena que tuvo que afincarse en París, sobreviviendo con las 5.000 pesetas mensuales que le giraba el Rey. La tragedia sobrevino cuando en noviembre de 1885 el rey muere y María Cristina, convertida en regente, retira la pensión a su rival, Elena Sanz, que queda en una situación desesperada.
Para sobrevivir toma una polémica decisión, que se concreta en el Acta de París, firmada en 1886, por la que ella y sus hijos se comprometían a no revelar ni reivindicar la paternidad del Rey y a cambio se les garantizaba una fortuna de 700.000 francos cuando los niños cumplieran la mayoría de edad. Elena Sanz falleció en 1898, y poco después quebró el banco Comptoir, donde estaba depositado el fondo. Cuando Alfonso y Fernando Sanz reclamaron su fortuna, no apareció ni rastro del dinero.
Desde ese momento, Alfonso Sanz decidió borrar su pasado, estableciéndose definitivamente en París, donde se dedicó al negocio del automóvil y se casó con una rica heredera mejicana, Guadalupe de Limantour, de cuya unión nacieron dos hijas, Elena, ya fallecida, y María Luisa, que hoy ha tomado la decisión de reivindicar sus derechos ante los tribunales como nieta del Rey Alfonso XII.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario