Por Lorenzo de Ara
Gracias, Alexander Solzhenitsin. Gracias por tu verdad. Gracias por haber existido. No te olvidaré.
Antes de que un muchacho fracasado en los estudios acudiese por obligación a
Recuerdo que Vargas Llosa había sacudido mi conciencia con varias novelas, al igual que Gabriel García Márquez, Cortázar, Borges y Galdós. Todos ellos, con Mr. Henry Miler ocupando un lugar privilegiado, se convirtieron en mis compañeros de viaje.
Usted estaba entre ellos. Pero todavía no había descubierto “Archipiélago Gulag”, y fue con ese libro, con ese viaje al averno, cuando toqué la realidad ideológica más funesta e inhumana que ha parido la maldad humana.
Lo escondía en el petate, en el transcurso de unas maniobras en un desierto o algo así cerca de Madrid, junto a “El Lobo Estepario” de Herman Hesse.
En sus páginas hay dolor, miseria, esclavitud y cárcel. Encarcelamiento traumático por pensar, por dudar, por estar, por no hacer nada, por tener sombra; ¡por vivir!
Premio Nobel de Literatura en 1970, Alexander Solzhenitsin se ganó el odio de los comunistas de
Ni siquiera con el nacimiento de la democracia esos hijos del socialismo-comunismo supieron apreciar el legado cultural e histórico, también personal, de un hombre que detestaba las dictaduras y por esa razón se enfrentó a la maquinaria aniquiladora del comunismo ruso.
Descanse en paz el hombre que me enseñó a leer. “Archipiélago Gulag” es uno de mis libros de cabecera, al que siempre acudo libre, sobre todo libre.
Gracias, amigo.
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