¡Buenas noches!
Mucho me alegra empezar mis palabras expresando, de corazón, mis mejores
deseos y más afectuosa felicitación a todos los españoles en estas fechas navideñas.
Al término de este año, quiero - como es tradicional- compartir un conjunto de
reflexiones y de sentimientos sobre nuestro desarrollo como pueblo y como Nación.
Un año 2008 intenso en acontecimientos, del que quisiera detenerme en tres
asuntos de especial relieve, como son el Treinta Aniversario de la Constitución; la lucha
contra el terrorismo; y la crisis financiera y económica generalizada que atravesamos.
Gracias a nuestra Constitución, España ha vivido por primera vez treinta años
de democracia plena, que coinciden con los de mayor progreso y modernización en nuestra
Historia.
Por eso, estos treinta años de Constitución deben servirnos, no sólo para
felicitarnos por lo mucho conseguido, sino sobre todo para llenarnos de energía y de
confianza en nuestra capacidad de presente y de futuro para seguir avanzando como gran
Nación.
Capacidad para resolver problemas y alcanzar nuevos objetivos con sentido de
Estado. Para engrandecer y rejuvenecer día a día nuestra vida colectiva, llenando el corazón
de nuevas esperanzas a todos los españoles, mediante planteamientos integradores y
solidarios.
Para lograrlo, debemos promover una cultura política de ilusión, unidad y
responsabilidad, que despierte en todos, jóvenes y mayores, un renovado interés por los
asuntos públicos, favoreciendo el mejor conocimiento de lo que nuestra Constitución
representa para nuestra convivencia y nuestras vidas.
Una Constitución que, construida sobre la concordia y el consenso, el respeto
mutuo y la tolerancia, recoge las mejores conquistas de toda democracia avanzada, articula
nuestra diversidad territorial, y asegura nuestra estabilidad y progreso.
Sus reglas, valores y principios, son hoy nuestra principal fuente de fortaleza
como Nación moderna, unida, solidaria y diversa, pues a todos nos guían y amparan para
seguir avanzando en paz hacia nuevas metas.
Una Constitución que, por todo ello, nos reafirma en la legítima convicción y
determinación de que el terrorismo no puede tener cabida en una sociedad democrática, libre
y plural como la española, que de forma masiva rechaza su existencia y condena sus actos.
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Vienen especialmente a mi memoria en estas fechas navideñas los nombres de
todas y cada una de las víctimas del terrorismo, cuyos familiares están marcados por un
dolor que en estas horas siempre rebrota con profundidad e indignación.
Me siento muy cerca de sus corazones en el respeto y apoyo que bien
merecen, así como en el permanente y emocionado homenaje a sus seres queridos.
Nuestros derechos y libertades, empezando por la vida, no pueden ser violados
y amenazados por profesionales del terror, por lo que debemos seguir luchando para derrotar
al terrorismo.
Un objetivo inaplazable que, desde la debida unidad entre todos los
demócratas, requiere seguir aplicando todos los instrumentos del Estado de Derecho y una
eficiente cooperación internacional.
En este sentido, dirijo mi especial felicitación a las Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad, a nuestras autoridades policiales y judiciales, así como a las de Francia, por los
importantes éxitos alcanzados este año que tanto nos estimulan.
Estoy convencido de que, con unidad, voluntad y determinación, el final del
terrorismo estará cada vez más cerca.
Como decía al principio, este año concluye asimismo marcado por los efectos
de la seria crisis que estamos viviendo. Más allá de la frialdad de las cifras, me preocupan
muy especialmente las numerosas personas que en nuestro país han perdido su empleo.
Me preocupan sus familiares y tantos jóvenes que no encuentran trabajo. También cuantos
ven amenazados o truncados sus proyectos y aspiraciones.
Una crisis que explica los esfuerzos de nuestras autoridades nacionales,
europeas e internacionales por corregir desajustes y adoptar medidas que, con el diálogo y la
colaboración de nuestros agentes económicos y sociales, deben centrarse en recuperar la
confianza, en respaldar la actividad diaria de nuestro tejido productivo, y llegar a nuestras
familias y ciudadanos.
Unos objetivos que requieren del concurso y del empeño del conjunto de
nuestras fuerzas políticas, económicas y sociales.
Juntos podremos vencer problemas y dificultades, si actuamos con realismo,
rigor, ética y mucho esfuerzo, anteponiendo siempre el interés general sobre el particular,
buscando acuerdos y soluciones con generosidad, responsabilidad y amplitud de miras.
Despleguemos con inteligencia y tesón nuestra bien probada capacidad de
superación, tirando del carro en la misma dirección, aportando cada uno su grano de arena.
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Se trata de volver, tan pronto como sea posible, a la senda del crecimiento
económico y de la creación de empleo; de abrir una perspectiva de pronta recuperación y un
horizonte de adecuada seguridad a nuestros operadores económicos, trabajadores y
consumidores.
Se trata, junto a ello, de disponer de reglas internacionales más eficaces para
reforzar la estabilidad, supervisión y transparencia del sector financiero en un nuevo entorno
globalizado.
Sigamos otorgando carácter prioritario a la lucha contra el desempleo, siendo
solidarios con los más desfavorecidos y vulnerables, atendiendo a las necesidades sociales y
asistenciales, así como a las derivadas de la conciliación laboral y familiar.
No hay recetas mágicas. Para volver a crecer de forma sostenible, necesitamos
más eficiencia y competitividad, más innovación tecnológica, y elevar la educación y
preparación de nuestros jóvenes, cuyo compromiso con la sociedad es un activo insustituible.
Son ellos quienes más apoyo necesitan para abrirse un digno futuro laboral y
profesional.
Por otro lado, la actual crisis económica demuestra hasta qué punto
dependemos cada vez más del exterior y tenemos que saber gestionar hábilmente la defensa
de nuestros intereses en el mundo.
Por eso, hoy más que nunca, importa el papel internacional de España, de
nuestras instituciones, empresas y profesionales, para asegurar nuestro crecimiento,
bienestar y seguridad.
Una acción exterior que debe ser lo más consensuada y coordinada posible,
dirigida a fortalecer posiciones en la Europa a la que pertenecemos, preparando desde ahora
la Presidencia española de la Unión Europea en 2010.
Para ello, también debemos dar un nuevo impulso a nuestras relaciones con los
Estados Unidos, intensificar nuestros sólidos vínculos con Iberoamérica y con el
Mediterráneo, y mantener nuestra proyección en África y Asia, junto a nuestra cooperación
con los países menos favorecidos.
Es hora además de reforzar la cooperación multilateral frente a los grandes
desafíos, desde el terrorismo internacional que condenamos con firmeza y que, de modo tan
brutal, se ha manifestado en Bombay, hasta la crisis financiera y económica internacional, el
hambre y la pobreza, o la protección del medio ambiente.
Quiero, en este marco, expresar mi reconocimiento a quienes sirven a España
en el mundo, subrayando que se cumplen veinte años, tanto de la participación de nuestro
país en misiones internacionales de paz, como de la incorporación de la mujer a nuestros
Ejércitos.
Dirijo un emocionado recuerdo a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas
que este año perdieron trágicamente la vida en el exterior, reiterando todo mi afecto a sus
familias.
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Por otro lado, no olvidemos, que junto a los progresos que vamos acumulando,
se plantean situaciones y problemas sensibles que a todos nos incumben y requieren de la
dedicación y coordinación de autoridades, instituciones y sociedad civil.
Cada año recuerdo algunos de ellos, como la discapacidad, las graves
enfermedades, la drogadicción, la violencia de género o los accidentes de tráfico.
Son temas serios y acuciantes, por lo que reitero mi llamamiento para que no
dejemos de dedicarles los mayores desvelos. Aseguremos asimismo los derechos humanos,
la dignidad y la igualdad de las personas, sin discriminación por razón de ideología, raza,
creencias, o sexo.
No es tiempo para el desánimo. Hemos logrado salir adelante con fuerza de
otros periodos complejos y reemprender el camino aún con mayor dinamismo.
Tenemos pues sobradas razones para creer en nosotros mismos, para
sentirnos satisfechos de lo que somos, de nuestros esfuerzos, de muchas realizaciones y
nuevos éxitos, incluidos los deportivos tan abundantes en este 2008.
En definitiva, son muchos los motivos para sentirnos orgullosos de España,
para alimentar la necesaria confianza y esperanza en el futuro, con el aval de tres décadas
de progreso y modernización en torno a nuestra Constitución.
Un período felizmente marcado por una impresionante y muy valiosa
incorporación de la mujer a todos los ámbitos.
Confianza en la labor y solidez de nuestras instituciones, en la capacidad de
nuestros empresarios, profesionales y trabajadores, así como en la indudable mayor
preparación y empuje de nuestros jóvenes.
Confianza en la fuerza creativa de nuestra cultura rica y diversa, en la
capacidad de nuestros centros docentes y de investigación, o en el creciente peso del
español en el mundo como segunda lengua de comunicación internacional.
Confianza, en suma, en todos y cada uno de los hombres y mujeres que, día a
día, desde los distintos rincones de España, la hacen crecer y mejorar con su honrado
trabajo y admirable empeño.
En esa tarea, contáis como siempre con todas mis energías y con mi más firme
compromiso de seguir sirviendo con la mayor ilusión y dedicación a España. De servir a
todos nuestros ciudadanos, alentando todo lo que nos une y nos permita progresar juntos.
Un compromiso y unos sentimientos que el Príncipe de Asturias comparte
plenamente conmigo y que tienen en él la mejor garantía de porvenir.
En esta Nochebuena y en vísperas del Año Nuevo, la Reina y toda mi Familia
se unen a mí para expresar a todos los españoles nuestro mayor afecto y mejores deseos,
que dedicamos asimismo a cuantos extranjeros viven con nosotros.
¡De corazón, para todos, muy feliz 2009, y muy buenas noches!
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