martes, 28 de julio de 2009

La historia duerme en la falda del Castillo de Los Fajardo

Durante dos días, los municipios del antiguo Marquesado de los Vélez se han dado cita para exponer sus productos tradicionales en la Feria Medieval
LAEDICION.NET.-Tiene los ojos amarillos y levanta con la majestad que le confiere su rango una enorme garra preparada para asir, en cualquier despiste, pequeñas alimañas. Su modo de vida no ha cambiado con el tiempo. Águila Real, el rey de la copa más altas de los árboles, de los nidos emcumbrados en la montaña. A su lado, el noctámbulo búho observa con tranquilidad lo que pasa a su alrededor. El giro completo de su cabeza le da algo de tétrico. Matiz que no esconde por qué es el más demandado por los niños. La de las aves es una esquina tan sólo dentro de la inmensidad de la Feria Medieval de Vélez Blanco.

El antiguo Marquesado ha vuento a unirse a las faldas del Castillo de los Fajardo, una de las joyas arquitectónicas más representativas de la provincia. Han sido diecinueve municipios ya que finalmente no acudieron Benitagla, Cantoria (Almería), Lebrilla y Mazarrón (Murcia).

No todo eran puestos de comida o artesanía. Uno de los focos de las miradas era el taller de cerámica andalusí donde los artesanos elaboraban, a la vista de todos, diferentes piezas. Comentando cada paso, cada momento. Jornadas de enseñanza para que los asistentes observen cómo, hace años, los ciudadanos de a pie se ganaban la vida.

Pasillo formado por estand. Niños y mayores en fila, mirando tranquilos una mancha negra que comienza a tomar forma humana. Son muchos. De colores. Gaitas e instrumentos musicales. Bailes alrededor de los protagonistas. Y para terminar, una cena típica del medievo. Dedos brillantes de grasa, música y madera. Menú variado, el que los ciudadanos comían en aquella época. Pollo, cochinillo, embutidos variados (esto es más moderno), ensalada de verduras y postres. Más de 300 comensales dieron la razón a un ambiente en el que los camareros también estaban perfectamente caracterizados.

El alcalde de esta localidad, Antonio Cabrera, destacó la presencia de visitantes llegados de todos los puntos de la provincia, señalando que, un año más, la organización había resultado "un éxito".

La Feria comenzó el viernes por la tarde, con la realización de un pasacalles, pregón inaugural y la presencia en la calle de los alcaldes de todos los municipios participantes. Para empezar a abrir boca, un pasacalles que originó una fiesta posterior de sonidos y músicas. Ataviados con el ropaje típico de la época. La organización no había dejado un cabo suelto.

El concejal de Cultura del ayuntamiento egetano, Dietmar Roth, ha sido uno de los primeros en demostrar su satisfacción a la hora de realizar, un año más, la Feria Medieval. "Claro que estamos contentos porque desde el año 1995 estábamos persiguiendo que esta cita fuera posible, ya que hablamos de la unión de la casi totalidad del Marquesado", afirmó.

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