
LAEDICION.NET.-María Teresa Fernández de la Vega sigue empeñada en demostrar que, salvo que una remodelación del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero la condene al ostracismo político, ella sigue siendo la vicepresidenta primera. Pese a que por los mentideros políticos pululan los nombres de José Blanco, Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón para quitarle la silla más pronto que tarde.
A la tournée que ha emprendido por los medios de comunicación en busca de notoriedad y para demostrar que sigue siendo la reina -RNE, Antena 3, Onda Cero, El Diario de Sevilla- ha sumado una baza nueva: la del tú a tú con los periodistas más allá de los corrillos que suelen organizarse en torno a ella tras su habitual rueda de prensa de los viernes con motivo del Consejo de Ministros.
Este miércoles por la tarde, como tantas otras veces, La Moncloa convocó un briefing con la prensa. Se trata de reuniones de carácter informativo que el Gobierno organiza con motivo de un viaje del presidente, de una cumbre internacional o de cualquier otro acontecimiento de cierta importancia. En esta ocasión, el motivo es el Encuentro de mujeres españolas y africanas por un mundo mejor que se celebra en Valencia el sábado y el domingo.
Por norma no escrita pero común, ni José Luis Rodríguez Zapatero ni ella acuden a estos briefings, sino que dejan las explicaciones en manos de uno o varios miembros de su Gabinete o, como mucho, del secretario de Estado de turno, en función del tema. Sin embargo, Fernández de la Vega decidió saltarse la tónica habitual -para sorpresa general- y ella misma se citó con la prensa en La Moncloa en un encuentro en el que, además, se explayó especialmente.
El repentino interés de la número dos del Gobierno por hacer arrumacos a los periodistas es una muesca más de su cruzada por recuperar su trono. Y nada casual. Como tampoco lo fue que el martes, durante la votación del Pleno del Congreso, compartiera confidencias y risas con su compañera de escaño, Elena Salgado, como si entre ellas todo fuera como la seda. Por descontado, el hemiciclo estaba a esa hora repleto de fotógrafos.
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