“Un amigo fiel es poderoso protector; el que lo encuentra haya un tesoro. Nada vale tanto como un amigo fiel; su precio es incalculable”.Así nos habla el Antiguo Testamento de la Biblia sobre el valor de la amistad. Incluso podríamos pensar que la pones por encima del amor humano entre hombre y mujer, y es más fácil enamorarse que encontrar un verdadero amigo. La definición es maravillosa ¿pero, quién encuentra un amigo así? ¿somos nosotros, tú y yo, capaces de sentir la amistad con esa calidad de sentimientos? Muchísimas veces nos ocurre que nos sentimos decepcionados por el comportamiento de nuestros amigos, pequeñas faenas, críticas que hacen daño, envidias, aunque todo sea a pequeña escala, la cuestión es que nos sentimos doloridos y a veces nos cuesta perdonar. Pero la culpa de lo que nos ocurre, es nuestra por darle el nombre de amigo o de amiga a cualquier persona que conocemos y tratamos con cierta intensidad. La amistad hay que cuidarla porque es como una planta delicada pero fuerte a la vez si recibe la sabia y el abono de la comprensión, de la disculpa y de aceptar al amigo tal como es.
Cuando tenemos un amigo o amiga verdaderos hay que estar dispuestos siempre a ayudarles incluso, si notamos que su forma de actuar no es todo lo recta que debiera ser. Costará trabajo y será más cómodo callar, pero una amistad “muda” no es una verdadera amistad porque privamos de un bien a ese amigo que confía en nosotros. La amistad es para vivirla en los buenos momentos cuando todo va sobre ruedas y en los malos cuando el amigo pierde las ruedas. Cuando todo va bien es fácil tener amigos, cuando las cosas se tuercen los “amigos” huyen como las ratas del barco que va a hundirse.
Al amigo no le abandonaremos ni él nos abandonará en la necesidad, ni enfriaremos el cariño en el trato porque es cuando más nos necesita y le necesitamos, pues la amistad fiel es el soporte de la vida. “En la adversidad se prueban los amigos verdaderos, pues en la prosperidad todos parecen fieles” (San Ambrosio).
La amistad solo puede pagarse con más amistad que esos amigos que pueden contarse con los dedos de una mano encuentre siempre en nosotros, cariño, comprensión, sinceridad y una disposición de ánimo para ayudarles siempre y por supuesto defenderlos si hablan mal de ellos en nuestra presencia. Si tratamos de ser amigos de verdad conseguiremos que ellos y nosotros seamos un poco más felices.
Piedad Sánchez de la Fuente
viernes, 10 de septiembre de 2010
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