
Mientras Elena continúa enjugando lágrimas de impotencia, Bisbal prosigue con su agotadora gira de conciertos acústicos. El pasado sábado volvió a brillar sobre el escenario del Auditorio de Pamplona. Allí no lloró como en Murcia.
DANIELLA MONTENEGRO.-LAEDICION.NET.-Mientras Elena continúa enjugando lágrimas de impotencia, Bisbal prosigue con su agotadora gira de conciertos acústicos. El pasado sábado volvió a brillar sobre el escenario del Auditorio de Pamplona. Allí no lloró como en Murcia. Aquellas lágrimas dieron mucho de qué hablar. Todos aseguraron que su llanto respondía al desasosiego que vivía tras su ruptura. Se equivocaron. Tanto que él ya ha confesado a sus más íntimos que su desconsuelo nada tenía que ver con la cacareada separación. El almeriense no entiende el motivo por el que los medios de comunicación no han contado la verdadera historia que escondieron su lamento. Razón no le falta. David no pudo contener el llanto al visualizar en la primera fila a dos de sus acérrimas seguidoras que dos días antes habían perdido a su padre. Pilar y su hermana Marianca son dos de las fans más importantes para el cantante, pues desde hace diez años no se han perdido ni un solo concierto. Me cuentan que Bisbal, conocedor de la emotiva historia, quiso cantar la ya famosa canción en honor del padre de las jóvenes, a quien conoció un año antes de su fallecimiento. De hecho, si se analizan las imágenes del concierto no es difícil comprobar cómo, embargado por la emoción, David decide agacharse y besar a la dos jóvenes. A ellas las recibió posteriormente en el camerino donde departió sobre los infortunios de la vida. En ocasiones, las apariencias engañan.
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