miércoles, 10 de agosto de 2011

'papichulo'

Daniella Montenegro



Irresistible para muchas (hasta luciendo barriguita) y sin un ápice de encanto para muchos otros (hasta cuando era pura tableta), el artista que menos cuenta de su vida privada está que no cabe ni en la falda que tanta popularidad le dio. La paternidad está regalando a Miguel Bosé más orgullo y sonrisas que todas las copias (y fueron más de ocho millones) de aquel disco premonitorio llamado como a él lo llamarán en breve, Papito. Dos niños, mellizos, gestados en un vientre de alquiler, y de nombre Diego y Tadeo, han hecho de Bosé el hombre más feliz de la Tierra.
El soltero guapo con una sola novia
Tenía ya 50 años cuando le volvieron a preguntar lo mismo que le llevaban preguntando desde que se hizo popular: ¿para cuándo boda o novia o algo? Y, tras esa sonrisa imposible de no mirar, la escapada: "No todo el mundo necesita el mismo tipo de vida, y yo he elegido una en la que no rindo cuentas a nadie y encima no tengo que traicionar ninguna responsabilidad". Miguel Bosé solo cuenta con una pareja reconocida, Ana Obregón, y de eso hace muchos años, tantos que la bióloga ni siquiera había pasado por quirófano...
El soberbio... oruglloso de sus pecados
Así de claro lo declara: "Me gusta que me llamen soberbio. Primero porque lo soy; segundo, porque lo llevo muy bien; y tercero, porque lo resuelvo con mucha ironía". Y justo en esta manera de responder y reconocer lo imprevisto, luciendo provocación en lo inesperado, está la clave del personaje que es Miguel. "No es un pecado capital la soberbia... es la capital de los pecados", remata el artista en esos giros que tan bien se le dan dentro y fuera del escenario. Casi impenetrable en su vida privada, el hueco por el que se cuela, víctima de su propia ironía, nos lo da cuando entre risas admite: "Si con 70 años me oís decir que quiero cantar Bandido, por favor, atadme".
Un padre multitarea
Concierto, llamamiento, debate... y cambiar pañales y dar biberones, a todo le da tiempo a Bosé, que en los últimos meses no solo ha firmado el manifiesto que artistas, juristas y periodistas han hecho en Una ilusión compartida, sino que ha acompañado a Juanes en su concierto del miércoles pasado como artista invitado. Y hay más: no quiso perderse el Gamelab, en Barcelona; junto a Millás, presentados ambos como ignorantes de este mundo, reconoció: "El videojuego es algo muy físico que pide habilidades y reflejos enormes. En el fondo a muchos nos hace sentir pequeños, acomplejados".

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