LAEDICION.NET.-:/ Redacción.-Este viernes por la mañana, no antes, la
duquesa de Alba se enteró en su palacete de San Sebastián, donde disfruta
de la primera parte de su veraneo, del contencioso judicial que enfrenta a
Francisco Rivera con Eugenia Martínez de Irujo, su hija, tras haber solicitado
el torero la guardia y custodia de la nieta Tana.
Una llamada de teléfono que la pasaron
después del desayuno le puso sobre aviso y sus primeras palabras fueron: “Pobre
Eugenia, por qué no me habrá dicho nada. Será para que no me disguste”,
según narran a Vanitatis fuentes de su entorno. A continuación,
le preguntó a su marido si él sabía algo y le contestó la verdad, que no tenía
ni idea de lo que ocurría en la vida de Eugenia y mucho menos de que el torero
quisiera vivir en Sevilla con la niña y que para ello hubiera presentado una
demanda judicial.
Ninguno de los dos había visto el día anterior
programas de televisión, con lo cual no estaban al tanto de los comentarios que
se habían hecho sobre la a información del periodista Juan Luis Galiacho.
El disgusto de la duquesa fue tremendo
y más cuando se enteró de los términos en que Francisco había interpuesto la
demanda, porque no entendía la necesidad de hacerlo. Aunque quiere mucho al
torero y en muchas ocasiones le ha defendido públicamente, esta vez no le
otorga su apoyo. Cayetana considera que los argumentos de su hija Eugenia para
que Tana siga viviendo en Madrid y no cambie su ritmo de vida académico y
afectivo son totalmente razonables. Sabe que a su nieta le gusta como a ella
vivir en Sevilla, pero de ahí a que el torero lo exija legalmente hay un
abismo.

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