jueves, 11 de septiembre de 2008

Dalías se ilumina con su Cristo

Como cada tercer domingo de septiembre vecinos de Dalías y de toda Almería acompañan en Procesión al Cristo de la Luz en uno de los actos religiosos más importantes de la provincia
Peregrinar es vivir entendiendo la vida como un camino que hay que recorrer para llegar a una vida futura en unión con Dios después de la muerte. Hay pocas peregrinaciones en la provincia de Almería que despierten tanta pasión en los fieles como la que tiene lugar el domingo 21 en honor al Santísimo Cristo de la Luz de Dalías. Cada vez que se acompaña al Cristo es diferente, porque la novedad de la fe y la esperanza del encuentro hacen de los caminos del poniente almeriense una experiencia única y nueva. Ya desde finales de agosto se genera de una forma muy espontánea una impresionante peregrinación que va en aumento conforme van pasando los días y culmina en un auténtico tsunami de peregrinos la noche del sábado anterior al tercer domingo de septiembre. Ese domingo tiene lugar la Procesión al Cristo de la Luz por las calles del pueblo, arropado por miles y miles de devotos. La alegría y el fervor de todos los que allí se congregan se ven acompañados por una descarga de cohetes que llega a su punto culminante en la Entrada del Cristo al templo. La bajada del Cristo, nada más terminar la Eucaristía, es uno de los momentos más importantes para los dalienses. El Cristo se hace cercano y amigo cuando baja desde el altar mayor de la Parroquia para dar a los fieles la salvación. Pero el Cristo no baja solo. Lo hace arropado y transportado por las manos de todos aquellos que llevan un año entero trabajando para que esta celebración se lleve a cabo. Mientras, el templo es una olla a presión que está deseosa de estallar de júbilo al son de tambores y cornetas. Una vez los martillos dan el pistoletazo de salida, la euforia contenida rompe en aplausos y vítores. Cuando baja del altar, sale a la plaza del pueblo desde donde comienza su trayecto por las calles de Dalías. La pará de la fuente marca su regreso. La entrada, el gran acontecimiento, se enmarca en un estruendo generado por la impresionante traca que hace que la noche se ilumine en un resplandor blanco de luz, la luz eterna del Cristo.

Alrededor de esta peregrinación se ha generado una fiesta y una alegría que va más allá del sentimiento religioso, pero sin fe no tiene sentido peregrinar a Dalías. La grandeza del encuentro con el Cristo es algo que si se vive al completo no se puede describir con palabras. La dureza del camino o el cansancio desaparecen cuando se comparte con todos aquellos que también han decido acompañar al Cristo hasta el templo parroquial. Dicen que no es uno quién decide ponerse en camino. Es el propio Cristo quien por multitud de caminos invita a la persona a salir de sí misma, para ir a su encuentro. Sólo hay que sentir la llamada, dejarse llevar y fiarse de quien le llama.
HISTORIA

Tan antigua es la devoción que se tiene en Dalías al Cristo de la Luz que no se conoce exactamente cuál es su origen real. Hay leyendas que datan la fecha en el siglo XVI, pero no hay nada que las corrobore. Es mucho más tarde, ya en el siglo XIX, cuando en 1809, el párroco de Dalías escribió una carta al Obispo de Granada, diócesis a la que pertenecía la localidad entonces, para notificarle una relación de bienes que se habían salvado de un terremoto que había sacudido el pueblo. La mención de una imagen del Cristo de la Luz en aquel escrito será la primera referencia documentada sobre la devoción a la imagen.

Durante la Guerra Civil la imagen anterior fue destruida, por lo que se encargó la elaboración de una nueva a Antonio Castillo Lastrucci, el mejor imaginero del momento. La imagen actual se encargó en 1937 y dos años después llegó a Dalías. La gran belleza de este crucifijo provocó un incremento en la devoción al Cristo que se extendió por toda la comarca, de tal manera que sólo así cabe entender la impresionante procesión de los fieles en honor al Cristo.

Una fecha negra dentro de la historia de esta devoción está fijada en 1993, cuando justo después de haber celebrado las fiestas, el techo del templo y dos retablos fueron consumidos en un incendio. La rápida actuación de un grupo de hombres, que arriesgaron su vida para salvar las imágenes que allí se guardaba, permitió recuperar al Cristo de la Luz, aunque sí que se vio afectado por el calor de las llamas. La labor y donaciones de los fieles posibilitaron que le Cristo saliese triunfal del templo al año siguiente. Dos han sido las restauraciones a las que se ha sometido a la imagen. Ésta primera y una segunda en 1999.

LA IMAGEN

La actual imagen del Cristo de la Luz se venera en la Iglesia Parroquial de Santa María de Ambrox de Dalías. Es propiedad de la Real Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz desde el 3 de mayo de 1939. El encargo fue realizado a Antonio Castillo, por valor de 4.000 pesetas, por parte de José Lirola Cerezuela y Francisco Callejón Moreno. El delegado territorial de Falange en Almería, Isidoro Serrano Galindo, fue la persona que actuó como fiador. El Cristo se muestra crucificado después de expirar, con la cabeza inclinada hacia la derecha. Tiene los ojos casi cerrados y la boca ligeramente abierta. Los brazos descansan sobre el travesaño, con las palmas de las manos abiertas y los dedos escasamente flexioandos. El sudario es cordelífero y deja al descubierto el lado derecho del Cristo. Lleva la corona de espinas, tres clavos y presenta cinco heridas. La cruz es de forma cilíndrica y arbórea. La policromía de la imagen sufrió desperfectos en el incendio del 20 de septiembre de 1993, pero fue restaurada en Sevilla durante cinco meses por el matrimonio Abad Martínez. Los resultados no fueron muy satisfactorios por lo que hubo que proceder a una segunda restauración en Madrid a cargo de los hermanos Cruz Solís, que en esta ocasión sí realizaron un óptimo trabajo en 1999. Las medidas de la imagen son de 1,75x1,23 metros. La cruz tiene unas dimensiones de 3,70x1,95 metros. Los materiales empleados para fabricar el Cristo son dos. La imagen es de cedro, mientras que la cruz está fabricada en pino. La iconografía responde a un Cristo muerto crucificado, cuyo signo de la muerte es de relajación sin dramatismos.

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