Por Lorenzo de Ara
Usted dice: “No al aborto”. Y de inmediato es devorado por las huestes progresistas. Salen como hormigas hambrientas en busca de cuerpos inocentes.
La progresía en guerra es peligrosa como la peste negra.
Dice usted: “Sí a la cadena perpetua”. Y lo mismo. Hormigas y otros depredadores pequeños pero inmensamente crueles se lanzarán sobre usted para quitarle los ojos y vaciar el resto del cuerpo.
No diga usted locuras. Tiene que moverse tranquilo e insensible ante los atropellos y la intromisión en la vida privada.
Las calles están llenas de pacificadores que salen defendiendo el derecho a abortar. Usted no puede hacer nada porque si hace algo, le señalan con el dedo y entonces corren para perseguirle, y ya no pararán hasta darle captura.
Ante la que está cayendo, y la que se espera, los progres y amantes del totalitarismo cubano, venezolano y boliviano, aquellos que ocuparon la calle para echar al PP del poder, ahora no abren la boca, pero sonríen como si nada estuviera ocurriendo. Nada grave, quiero decir.
Bardem es la hormiga soldado que más provecho sacó de aquellas manifestaciones. Su boca abierta regalando odio. Aquellos ojos. Y a su lado otras hormigas, violentas, radicales, pero siempre (sin contradicción posible) pacificadoras.
El tipejo se deja entrevistar y manosear por un tal Gabilondo. Se respetan y se acarician, porque los dos, en el mundo panfletario de Zapatero, son hormigas que mandan. Ellos dicen sí al aborto, no a la iglesia, no a los yanquis, sí al diálogo con ETA.
Son hormigas que, de vez en cuando, salen para buscar inocentes víctimas.
El aborto es un crimen y el socialismo quiere más aborto. El diálogo y la negociación con ETA fue un acto de cobardía imperdonable. La mentira del socialismo ocultando la llegada de la crisis económica fue el ejemplo de su carencia de rigor ideológico. El PSOE es una comunidad de hormigas soldado que salen a la luz unidas y en perfecta comunión. Una sola, pasa desapercibida, pero cuando avanzan bajo el estricto orden de un todopoderoso pacificador, entonces huyen aterrorizados los gigantes y los dioses, y el pavor se impone.
Pequeñas hormigas.
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