viernes, 12 de septiembre de 2008

Un grupo de menores, robos y drogas, la otra versión que planea sobre la muerte del senegalés en Roquetas de Mar

Los disturbios originados en Roquetas de Mar a raíz de la muerte de un sin papeles de origen subsahariano ha destapado una realidad a la que nadie quería mirar de frente en la floreciente localidad donde no todo son grandes y nuevas urbanizaciones. Los autores materiales de la muerte del senegalés pudieron ser los componentes de una pandilla de jóvenes, menores de edad, colaboradores del "Muñecos" un conocido traficante de la zona que vive en el barrio de Pescadería y que hace días no aparece, aunque su punto de venta permanecía abierto bajo la supervisión de un grupo de menores. Su casa, al igual que la de otro familiar suyo como "El quiqui", son las dos viviendas a las que prendieron fuego los inmigrantes subsaharianos. La Guardia Civil desmintió el pasado lunes a laedicion.net, periódico digital, que hubiese menores involucrados en los hechos. Frente a ese desmentido oficial, hoy mismo han pasado a disposición judicial los tres menores que han sido detenidos en las últimas cuarenta y ocho horas, entre los que no se encuentra el autor material de la agresión con arma blanca.

Los menores han sido conducidos ante el juez en la calle Méndez Núñez. Se trata de los juzgados de menores. No hay togas, no existe esa rectitud y frialdad del juzgado convencional y, sobretodo, no hay condenas o penas, sino medidas acordadas entre las partes para la reinserción de los menores. Allí han prestado declaración y, según diversas fuentes, se les ha privado de libertad de manera preventiva en un centro para menores, ya que el caso ha generado una enorme alarma social.

Según la versión de los hechos a la que ha tenido acceso laedicion.net, periódico digital, los clanes gitanos distribuyen cocaína y hachís desde las 200 viviendas, mientras que los clanes de los subsaharianos sólo trafican con hachís. Testigos de las revueltas afirman que entre unos y otros no hay excesivos enfrentamientos, pero que en los últimos tiempos sí se habían dado casos de clientes de los clanes gitanos que no llegaban a las viviendas donde compraban la droga porque unas calles más abajo eran asaltados por personas de color.

Los puntos de venta están custodiados por menores de edad, de todas las razas y etnias, que no sólo realizan labores de vigilancia, sino de porte de droga y venta al cliente en la mayor parte de los casos, ya que así, en el caso de ser pillados, las penas son mucho más leves y, en ningún caso, implicaría su ingreso en prisión.

La tarde noche de los hechos un grupo de estos menores, regentes del punto de venta de "El Muñecos" huyeron a toda prisa del barrio. Se cree que entre ellos podría estar el autor material de la puñalada que terminó con la vida de Osman Kote, de 28 años.
La revuelta que siguió al crimen pone de manifiesto otra realidad con unos intereses muy concretos. El barrio ahora está controlado por los subsaharianos y el tráfico de hachís, el menudeo, queda en sus manos sin la competencia de los clanes gitanos, ya que en las 200 viviendas se vendía y se venderá droga, porque no todos se dedican a la agricultura y nada más.

Venganza, exclusión y degradación

"En cuanto se vaya la Policía, la armaremos" es el conciso titular con el que El Correo Español del País Vasco comienza una de sus informaciones sobre los hechos ocurridos en las 200 Viviendas de Roquetas de Mar. El diario recoge las declaraciones de Kofi, un ghanés de casi 20 años que aseguraba que "por cada uno de nuestros hermanos muertos, nosotros tenemos que matar a tres de ellos". Si los periódicos y medios de la provincia han llamado a la calma, no parece ser el caso de algunos de los que ven los hechos desde la lejanía.

Según narra Kofi al diario del grupo Vocento, el mismo que edita IDEAL, "nos tratan como si fuéramos animales, nos incitan, nos vacilan... Ellos, los gitanos, son peligrosos, pero nosotros lo somos más», se envalentonan". Algunos vecinos de origen español habrían expresado su temor por un "rebrote" más fuerte una vez se hubiesen ido los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

No es el único diario de fuera de la provincia que trata el tema; "Un barrio multirracial que convive con la droga" o "200 viviendas: exclusión social y degradación" son algunos de los encabezamientos elegidos por diferentes rotativos de todo el Estado.

De fondo, aunque la versión oficial de los hechos lo niegue, se encuentra el fantasma de la droga, la tensión y el conflicto social originados por la misma en un barrio que ha sufrido demasiado desde el pasado día seis, cuando murió asesinado Osman Kote.

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