miércoles, 7 de enero de 2009

Los Reyes Magos desfilaron por el céntrico Paseo de la Castellana en Madrid, ante un gran número de personas, a pesar de que la temperatura osciló ent

El poder de los Reyes Magos es más notable en España que en otras partes del mundo: han conseguido que aún sea feriado nacional y también que el país entero se vistiera de fiesta a pesar de la crisis.
Como todos los años, en Madrid se realizó la tradicional Cabalgata de Reyes con motivo de la fiesta de Epifanía que recuerda la visita de los Reyes Magos a Jesús, un desfile callejero con carrozas decoradas y juegos de luces y colores en el que se presenta, sobre su finalización y con toda la pompa, a los personajes bíblicos.
Más allá de que esta cabalgata tuvo otras versiones en las principales ciudades del país, la más importante en cuanto a asistencia y majestuosidad ha sido la de la capital española, ya que convocó nada menos que a 800.000 personas. La concurrencia, como sucedió en otras ocasiones, sobrepasó con creces las gradas para 14.000 espectadores, dispuestas a lo largo del Paseo de la Castellana, entre la estación de metro Nuevos Ministerios y la plaza de Cibeles.
La gran cantidad de público hizo que muchos padres debieran llevar escaleras portátiles, para que sus hijos pudieran observar con relativa comodidad el paso de las 27 carrozas y, también, abarajar aunque sea un puñadito de los 900 kilos de caramelos que los Reyes y otros personajes arrojaron en la tarde y noche de ayer.
A pesar de la crisis, el Ayuntamiento de Madrid no sólo se resistió a recortar el presupuesto para la organización de esta fiesta, sino que aumentó la partida destinada a promocionar este evento tan esperado por todos, aunque especialmente por los niños: este año se invirtieron 600.000 euros, es decir, 100.000 más que el año pasado.
Quizá por eso, quizá por la necesidad de festejar algo en medio de una crisis que ha llevado al país a padecer el mayor índice de desempleo de Europa, la gente no dudó en concurrir a la cabalgata, sin importar que el mercurio se hundiera hasta rozar los 0º C en el termómetro. "Que va, hay que festejar mientras se pueda, y esto merece la pena. Cuando yo era niño, la cabalgata consistía en el paso de un camión de bomberos con un Baltasar de rostro tiznado y sus compañeros arrojando dulces. No tenía nada que ver con este espectáculo de hoy, que es mucho más atractivo para los niños", confió Álvaro, el abuelo de un pequeñín de cinco años que lleva su mismo nombre, a lanacion.com.
Pero cuando se disponía a extender su relato, Alvaro nieto lo calló a grito pelado: Melchor había aparecido en la primera carroza real, y el españolito, como todos los niños presentes, no quería que se olvidara de lo más importante. "Melchor, me he portado bien, me he portado muy bien", aullaba, junto con la multitud, mientras esperaba con todo su ser no resultar defraudado en los regalos.

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