LAEDICION.NET.-REDACCIÓN.-Punto final, y triste, al matrimonio de la Infanta Doña Elena y Jaime de Marichalar. Lo que comenzó el 13 de noviembre de 2007 como el anuncio de una crisis que podría no ser definitiva, y en la que la puerta no estaba ni cerrada ni abierta, acabó. Aunque la singladura entre noviembre de 2007 y noviembre de 2009 ha sido compleja, con picos de disgusto en el Palacio de La Zarzuela, tanto el Rey como la Reina han logrado que no hubiera más platos rotos.
Según informaciones de nuestro Digital, las instrucciones de Don Juan Carlos eran bien claras para evitar que se creara una situación de morbo sobre las causas de este desencuentro en los platós de la televisión y estuviera esta crisis en la comidilla de las conversaciones. Entre los asuntos de Alberto Aza figuró a lo largo de estos meses como tema delicado tras la decisión de la Infanta Doña Elena de que era una crisis definitiva sin vuelta atrás. Pese a que la versión oficial nunca descartó la reconciliación, Doña Sofía, en los encuentros que mantuvo con la periodista Pilar Urbano, habló por primera vez del "divorcio", que ha sido al final inevitable.
Los asuntos que han estado sobre la mesa entre los abogados de ambas partes, Jesús Sánchez Lombás y Concha Sierra, han girado sobre el futuro profesional de Jaime de Marichalar, su nuevo estatus social, y la relación futura con el entorno del Rey al ser el padre de dos de sus nietos, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica. Del primer capítulo, sólo se habría llegado a un acuerdo de futuribles. Es decir, el peso profesional que vaya a tener una vez divorciado porque empresas como Loewe, una multinacional francesa, tomarán buena nota de ello. Marichalar habría tenido con todo un resultado satisfactorio en este tramo de la negociación de cara al futuro, incluso si decidiera trasladarse a París.
En el segundo caso, Marichalar dejará de ser duque de Lugo. El asunto espinoso de la negociación se centró en lograr un título nobiliario vinculado a Soria o Navarra. En las conversaciones se han seguido otros casos sucedidos en familias reales europeas. Marichalar lo ha buscado con ahínco para pertenecer a la Grandeza de España y tener el estatus correspondiente al de padre de los nietos del Rey. Sobre este asunto, debatido intensamente, habrá noticias, y sería el asunto central del comunicado oficial del divorcio. Igualmente quedará garantizado que podrá ver a sus hijos siempre que lo desee aunque permanezcan con su madre.
Finalmente, el tercer tramo de la negociación fue el más arduo. Lo que más le dolió a Marichalar estuvo en constatar que en el momento de la separación, dejó de figurar en todas las actividades de la Familia Real con la única excepción de la Primera Comunión de Victoria Federica. Marichalar siente aversión a ciertos medios. Busca además una cierta protección, y desea quedar en cierta forma bajo la protección de la Casa del Rey. Es el punto gordiano y superdelicado de este proceso sobre el que tampoco se va a hacer luz. Pero para unos y tros, llegó el final de lo que Don Juan Carlos y Doña Sofía nunca imaginaron que pasaría cuando Doña Elena y Jaime de Marichalar se casaron en la catedral de Sevilla.
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