sábado, 9 de enero de 2010

Lillo, de 44 años, implanta su particular método en Almería, donde sustituyó a Hugo Sánchez

• Las charlas con la plantilla, los abrazos y los rondos son ya habituales


LAEDICION.NET.-REDACCION.-Su última experiencia en Primera, hace casi una década, no pudo ser más efímera. Juan Manuel Lillo (Tolosa, 1965) cogió al Zaragoza que había clasificado Txetxu Rojo para la Copa de la UEFA con la máxima ilusión y no duró ni tres meses en el banquillo. En la cuarta jornada de Liga y eliminado de Europa, fue despedido, igual que antes en el Tenerife, Oviedo y Salamanca, donde se convirtió en el técnico más joven en debutar en Primera con 29 años. El Almería, desilusionado con la labor de Hugo Sánchez, le ha devuelto a la élite. En su estreno ganó al Xerez y hoy espera sorprender al Villarreal de Ernesto Valverde.
La terapia de Lillo ya se siente en Almería. Las sesiones de abrazos para cohesionar la plantilla, los rondos y las continuas charlas son las bases de su método. Pocos personajes hay tan particulares como el míster favorito de Pep Guardiola, que le habría elegido para dirigir al Barça si Lluís Bassat hubiese ganado las elecciones del 2003.
Lillo es un admirador del fútbol del hexacampeón. Le encanta Iniesta y disfruta como nadie con las genialidades de Messi, aunque no quede meridianamente claro en una de sus frases al más puro estilo Lillo: «Messi representa el paradigma sistemático y contextual. Todos estamos en el contexto y el contexto está en nosotros. Leo es la prueba más evidente».
Psicólogo y amigo
Esa sentencia es solo un ejemplo del vocabulario de Lillo, un tipo culto que otorga casi toda la importancia a los jugadores, aunque a su manera: «No soy de los que cree que el liderazgo deba ejercerse desde el banquillo. El entrenador ha de ser como Dios, en todas partes y en ninguna visible». Los «espacios sociometrices sobre el campo» y las «jugadas que metaforizan los partidos» son otras de sus aportaciones al léxico futbolístico, tan dado al tópico.
Pero al margen de su particular manual, Lillo saltó a la fama a mediados de los 90, después de subir al Salamanca desde Segunda B a Primera. Entonces se convirtió en uno de los técnicos de moda, pero nunca llegó a despuntar en la élite. Al contrario. Sus cuatro experiencias en la máxima categoría desde la primera jornada acabaron con Lillo en la calle. La última destitución, la de Zaragoza, le supuso una notable pérdida de prestigio y se ganó cierta fama de gafe, hasta el punto de ser conocido como Juan Malillo. Sin embargo, los jugadores de todos sus destinos destacan los conocimientos del técnico, al que consideran un gran psicólogo y amigo.
Lillo fue comentarista de televisión en el Mundial del 2002 y estuvo a un paso del Barça. En Segunda, fue destituido en el Ciudad de Murcia y el Terrassa, y en el 2005 se marchó al Dorados de México, donde fichó a Guardiola, pero acabó descendiendo. Su última experiencia antes de recalar en el Almería fue en la Real Sociedad. En Anoeta hizo un buen trabajo aunque no logró el ansiado ascenso. Ahora espera recuperar las buenas sensaciones del inicio de su carrera.

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