A SANGRE FRÍA...
El juez que investiga el asesinato de la joven dictó el auto de apertura del juicio oral contra los cuatro imputados y con él se hizo público el escabroso relato de lo que sucedió ese día.
LAEDICION.NET.-Cuando todavía resuenan los ecos del asesinato de Cristina Martín de la Sierra a manos de su compañera de instituto y su página de Facebook ya va por los 10.000 miembros, este lunes el juez Francisco de Asís Molina devolvía a la actualidad otro crimen entre menores no menos inquietante.
Más de un año después, aún sigue sin aparecer el cuerpo de Marta del Castillo, pero los juegos malabares de los acusados con las fuerzas de seguridad no les han valido para evitar que la Justicia les considere autores de su muerte.
El juez de Instrucción número 4 de Sevilla que investiga la desaparición y el presunto asesinato de la joven sevillana la noche del 24 al 25 de enero del pasado año 2009, dictó este lunes el auto de apertura de juicio oral contra los cuatro imputados mayores edad, haciendo un relato de hechos en el que atribuye al asesino confeso, Miguel Carcaño, dos delitos de violación (autor principal de uno y cooperador necesario del otro, cometido presuntamente por el menor conocido como el Cuco) y uno de asesinato.
El auto, de 50 folios de extensión y que da por concluida una instrucción que cuenta con unos 6.000 folios y 25 tomos, le fue notificado de manera personal tanto al hermano del asesino confeso, Francisco Javier Delgado, como a su novia, María García, y a Samuel Benítez, mientras que a Miguel Carcaño le fue entregado en la cárcel de Morón de la Frontera donde permanece interno.
Marta dijo "no" y le costó la vida
Aunque algo se venía barruntando durante todo este tiempo en los medios, el juez confirma que considera que Carcaño y el Cuco violaron, estrangularon y mataron a la joven por negarse a darle un beso al asesino confeso, que durante un tiempo fue su novio.
Según el relato de los hechos compuesto por el juez, la Marta se encontraba a las 17.30 horas del 24 de enero en su domicilio de la calle Argantonio chateando en el ordenador con una amiga cuando Miguel llamó por el telefonillo y ella "accedió a salir a su encuentro y se lo comunicó a su madre aduciendo que tenía unas cosas que arreglar con él".
Ambos se marcharon del lugar en un ciclomotor, permaneciendo entre las 18.00 y las 19.00 horas en la plaza Santa María de Orgaz junto a varios amigos, entre ellos el Cuco, y quedaron en verse posteriormente en la vivienda de Carcaño, donde a su llegada coincidieron ambos con el hermano del asesino confeso, que "no tardó en marcharse".
Poco después se incorporó a la reunión el menor, que junto a Miguel "consumió algunos combinados de ron y cigarrillos de hachís, alcanzando un estado de euforia y cierta desinhibición, sin perder nunca el pleno control de sus actos", y señala que, "en un momento dado, sentados los tres frente a la televisión, Marta rechazó, apartando la cara, un beso que intentó darle Miguel, el cual, despechado, se levantó del sofá".
Tras pedirle Marta que "no se enfadara", Carcaño, "encolerizado, asestó un primer puñetazo en la cara a la joven, que fue seguido por otros tantos golpes y puñetazos propinados por Miguel y el menor", mientras que, "acto seguido, guiados por el ánimo de acabar con su vida y atentar contra su indemnidad sexual, la llevaron al dormitorio, le quitaron los calcetines, pantalones y bragas, la tumbaron por la fuerza sobre la cama y, para ahogar sus gritos, le introdujeron en la boca uno de los calcetines que le habían quitado".
Así, según el auto, mientras "el menor mantenía a Marta inmovilizada y la amenazaba con una navaja", Miguel la agredió sexualmente, tras lo cual ambos intercambiaron los papeles. Posteriormente, "la bajaron al suelo y le ataron las manos a la espalda con cinta aislante por las muñecas, desenrollando un cable eléctrico tipo alargadera de la carcasa que lo cubría y rodeando con el cable el cuello de la menor, tirando de él con fuerza".
La estrangularon con un cable
Los agresores "lograron consumar el estrangulamiento tirando con fuerza del cable, hasta apreciar espasmos en una de las piernas y apagar cualquier signo de vida, pero decidieron cerciorarse utilizando un tensiómetro", tras lo cual "decidieron deshacerse del cuerpo y de las pruebas que pudieran incriminarles, para lo que pidieron ayuda al imputado Samuel Benítez, al cual telefonearon".
Samuel ayudó a sus amigos y quedó con el Cuco para recoger el vehículo propiedad de su madre, ajena a la situación. Así sacaron el cuerpo de Marta utilizando una silla de ruedas.
Cuando Samuel y el menor llegaron con el coche se encontraron que Miguel y su hermano preparaban el cuerpo de la joven y éste último amenazó al Cuco con que le pasaría algo grave a su familia si decía algo. El texto continúa asegurando que "los acusados dieron al cuerpo un destino buscado para evitar que fuera conocido o encontrado, destino ocultado al Juzgado que aún hoy se ignora".
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