Mayo apunta a su recta final. Tiene, de especial, las flores, el inicio de la primavera y que es el mes de María, nuestra Madre del Cielo. Por eso, ahora, cantamos: “Venid y vamos todos con flores a María…”. En mayo se honra a la Virgen con romerías y el Ejercicio de las Flores. En muchas ciudades españolas, aparece anunciado, con vistosos carteles, el Gran Rosario de la Aurora del último sábado de mayo.
Dicen que a los católicos les distingue de los protestantes, la alegría. Siempre ocurre: en un hogar que tiene madre y se la respeta, se respira gozo. No me olvido del grito de una amiga mía de un pueblo de Badajoz, cuando le regalé un cuadro de la Inmaculada. En su pueblo tienen a la Virgen como Patrona y ver su imagen los desborda. No me extraña: la Virgen reporta alegría, paz, confianza, ternura, seguridad.
La práctica secular viva en las parroquias del Ejercicio de las flores, que intercala oraciones, cantos y hasta poemas a la Madre de Dios, todos deberíamos practicarla y nos lloverían milagros de de las manos de la que es Mediadora de todas las Gracias.
Josefa Romo Garlito
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martes, 31 de mayo de 2011
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