JUAN CARLOS USERO (Portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Almería)
La fecha del pasado
4 de julio de 2012 quedará marcada en rojo para recordarnos que el gobierno del
PP aprobó ese día la mayor subida fiscal de nuestra historia democrática. Me
refiero al IVA en general y al que se aplicará a los servicios funerarios en
particular.
El lector sabe que
en Almería capital, el ayuntamiento tiene privatizados estos servicios, como
las instalaciones deportivas y lo que va a hacer con la Escuela de Música. Los
cementerios municipales han sido confiados a una empresa por treinta años. Para
que a la concesionaria le salgan las cuentas, el PP crea una nueva tasa y sube
los precios. Además, acepta que durante los primeros diez años de la concesión
suban las tasas funerarias un 5% más el IPC correspondiente. Los ciudadanos
pagan el entierro o el mantenimiento de sus nichos mediante factura. Esa
factura, hasta el 31 de agosto, lleva incluido un IVA del 8%. Rajoy ha decidido
que a partir del 1 de septiembre sea del 21%, 13 puntos más o, lo que es lo
mismo, una subida del 262%.
Hay municipios no
muy lejanos al nuestro, como el de Vícar, donde el propio Ayuntamiento gestiona
directamente todos sus servicios, entre ellos el del cementerio. En este caso,
los deudos del difunto pagan la tasa correspondiente y ya está. Sin IVA, sin
IPC y sin revisión anual del 5%. Traducido en euros, es mucho dinero de
diferencia entre un caso y otro.
En mi opinión, el
gobierno municipal del PP debería pararse a pensar en la forma de amortiguar la
histórica subida de los servicios funerarios porque el bolsillo de los
ciudadanos ya no da más de sí. Conviene recordar que ni los trabajadores ni los
desempleados ni los pensionistas tenemos responsabilidad alguna en la situación
actual de déficit de las administraciones públicas. El ciudadano ha cotizado,
ha pagado sus impuestos y merece recibir los servicios y prestaciones que le
corresponden. Rajoy nos trata como si fuéramos culpables y echa sobre la
espalda de los españoles, no de todos, el peso de la recesión.
El caso de los
servicios funerarios me duele especialmente porque no hay razón alguna, como no
sea los intereses de la empresa, que justifique el coste privativo de enterrar a
un ser querido y cuidar de su tumba. Aquí no hay libertad de mercado, ni libre
opción del consumidor ni nada de eso. Es un monopolio en toda regla y hay que
pasar por el aro que nos han colocado delante, cada día un poco más alto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario