domingo, 13 de julio de 2008

La caída de Gallardón


Corría el mes de junio cuando recién reelegido Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón confesó públicamente su más íntimo deseo. Apoyado en la solvencia de un liderazgo incontestable y en el crédito de una trayectoria brillante, Gallardón tiró de resultados para pedirle un hueco a Rajoy. Un hueco que algunos interpretaron como la ambición desmedida de quien, ofreciéndose de escudero, soñaba con ser delfín.

En ese instante a Gallardón le volvió a cegar la fantasía de ir por libre, de vivir siempre al filo de la navaja sin tener ninguna red bajo sus pies. Y desde entonces, el enconamiento personal que ha ido alimentando con Esperanza Aguirre ha terminado por hundir sus expectativas, provocando que Mariano Rajoy renunciara a presentarlo en sus listas. Al respecto se está debatiendo mucho estos días, pero, en mi opinión, más allá de otro tipo de consideraciones, Gallardón ha sido el principal damnificado porque su sombra es un lastre insoportable para demasiada gente. En el fondo, se veía venir. Ni sus propios compañeros le han perdonado el éxito.

Así las cosas, arrastrado por las circunstancias el PP ha prescindido de Alberto Ruiz Gallardón, probablemente su mejor baza electoral, para apostar por Manuel Pizarro, un buen gestor, pero desconocido y sin experiencia política. A todas luces un cambio incierto que no parece que le vaya a reportar más votos. Como tampoco parece que le vaya a reportar nada bueno la inclusión de determinados pesos pesados cuya erosionada imagen genera malestar entre el electorado más moderado.

Aunque sorprenda, a menos de dos meses de las elecciones, el Partido Popular se ha empeñado en suicidarse, repartiendo una serie de puñaladas florentinas que, además de innecesarias e inoportunas, solo sirven para debilitar las posibilidades reales de afianzar una alternativa de gobierno. Una mala noticia para ellos y para todos los ciudadanos que deseamos una política inspirada por las ideas y el sentido común.

No en vano, considero que la humillación que algunos le han propinado a Gallardón es una venganza inmerecida y un error garrafal. A nadie se le escapa que sólo los mediocres temen las legítimas aspiraciones de las personas válidas, por muy independientes e imprudentes que éstas puedan llegar a ser.

Con esta clase de decisiones cualquiera diría que el PP le está haciendo la campaña a Zapatero.

José-Domingo Lázaro Álvarez

josedlazaro@yahoo.es

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