Por Lorenzo de Ara
España debe estar en esa reunión constituyente. Tiene que estar presente porque es, no lo olvidemos, la octava economía más poderosa del mundo, la quinta de Europa, y el tercer país que más invierte en el exterior, después de Estados Unidos y Francia. En la ONU, España tambien entre las ocho naciones que más dinero desembolsa para el correcto funcionamiento de esa inútil institución.
Lo que ha progresado España en los últimos treinta años no puede ser tratado de forma caprichosa por las otras naciones de nuestro entorno.
El problema no es España. Nadie en su sano juicio alberga dudas acerca de la necesidad de contar con España en esa reunión a celebrar en el imperio de los yanquis.
En el viejo continente no se puede tomar ninguna decisión importante sin pulsar la opinión y al mismo tiempo disponer de la decisión en firme de España.
Si el peso económico de España es el que es, de la misma manera hay que decir que aún somos más poderosos en el terreno cultural, donde la lengua española se posiciona, después de la inglesa, como la segunda más poderosa del mundo.
Los esfuerzos diplomáticos que se estén haciendo para contar con la presencia de España están encaminados a no producir una clara y manifiesta injusticia.
Si en 1944, con el nacimiento del nuevo concierto económico mundial, la presencia de España hubiese provocado la hilaridad de las otras naciones, lo cierto es que en 2008, ese mismo país, que por aquel entonces yacía sumergido en la pobreza y se recuperaba a duras penas de una brutal guerra civil, es ahora pieza clave del engranaje económico y financiero mundial.
Me temo, pues, que el problema no está en los números que atesora España. El problema está en nuestro presidente. José Luis Rodríguez Zapatero ha jugado durante mucho tiempo a ser el niño malo de la escena internacional. Ha querido ser el aliado de los sátrapas de medio mundo y sus colegas con más sentido de estado no le perdonan las “travesuras” de niñato radical de izquierdas.
Espero y deseo que España esté presente en esa reunión que será histórica. No estar en ella sería un insulto imperdonable hacia el pueblo español y, aunque Z se lo tome a broma, sería la caída en un pozo, del que difícilmente volveríamos a salir.
PD.-A los envenenados por el odio cainita que desean que se produzca el rechazo a España, mi más sincero y perpetuo desprecio
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario