domingo, 16 de noviembre de 2008

Un ministro de ZP juega al "gato y al ratón" con el Congreso


España lidera ya un ranking mundial de dudoso privilegio. En esta tesitura, empieza a constar el deseo de un titular de Ministerio de hacerse invisible y escabullirse de la Cámara Baja
Por el pleno empleo fue uno de los eslóganes propagandísticos de José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones generales del pasado 9-M. Dispuestos a negar la evidencia de una economía que había empezado a decaer de forma indiscutible y acelerada, el Gobierno convirtió la mera negación de la verdad en un obsceno exhibicionismo de la trola. Ahora, aquellos carteles con Zapatero aplaudiendo el falso latiguillo producen una mezcla de exasperación y bochorno ajeno.

El goteo de noticias diarias confirma un inquietante horizonte de vértigo: La tremenda posibilidad de alcanzar los cuatro millones de parados en 2009. Se dice que los juzgados deberán tramitar cinco mil suspensiones de pagos el próximo año. La lista de empresas que presentan expedientes de regulación de empleo crece sin freno. Símbolos como General Motors o Nissan quieren recortar plantillas y nadie sabe con certeza qué ocurrirá con otras fábricas de miles de trabajadores, ahogadas por la pérdida de ventas.

Con estos mimbres, la mayoría de los diputados - si no fuera tan ostentosa su deserción de los plenos del Congreso – empieza a tener difícil, de cruzárselo por los pasillos del Hemiciclo, reconocer al sin par Celestino Corbacho, titular de Nada de lo que Pasa va Conmigo, también denominado Ministerio de Trabajo. La invisibilidad del catalán está generando enormes dosis de bochorno. El ministro le ha cogido el gusto al malabarismo de cargarle el mochuelo al achicharrado vicepresidente económico, Pedro Solbes.

Si de algo puede vanagloriarse Corbacho es de estar logrando uno de los consensos de la Legislatura: diputados de todo el arco parlamentario vienen mostrando ante Garganta Profunda su desconcierto – y en algún caso indignación – por el modo en que el titular de Trabajo está escabulléndose de las sesiones de control al Gobierno. Y es que cada vez tienen más claro que Celestino Corbacho carece del menor interés por hablar con ellos y que, en el fondo, espera no tener que hacerlo.

Y a las pruebas se remiten. El ministro lleva un mes largo sin comparecer en la Cámara Baja. Con la que está cayendo en la calle, Corbacho sabe que dar la cara significaría que se la partiesen, desde el punto de vista político. El titular de Trabajo lleva fama de decir lo que piensa, pero empieza a ser difícil de encontrar declaraciones suyas en sede parlamentaria. Se ve que don Celestino sólo se siente a gusto en los medios de comunicación amigos, en la mejor tradición del sectarismo democrático que caracteriza al socialismo español.

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