No se puede llamar valores ciudadanos y democráticos, a que el gobierno se dedique a enseñar a nuestros hijos las relaciones afectivo-sexuales, afirmando de que no hay diferencia alguna sexual entre hombre y mujer. Ni son valores, ni es democracia. Ni la sociedad, ni el Estado pueden absorber, y menos hipotecar, la educación de los niños, al recortar los derechos de los padres, cometen una intromisión inaceptable y caen en un despotismo para el que no les han legitimado las urnas.
Sería muy distinto que Educación para la Ciudadanía se limitase a enseñar fundamentos de orden constitucional y los temas de la filosofía política de la democracia, la importancia de participar en las instituciones y los derechos humanos.
Lo cierto es que los padres no podemos quedarnos sentados viendo como convierten a nuestros hijos en borregos sin cerebro, al servicio de una ideología sectaria, partidista, falta de principios, en la que la educación brilla por su ausencia y la cultura cotiza a la baja.
María Muñoz
lunes, 19 de enero de 2009
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