Me viene a la memoria una anécdota muy conocida probablemente por todos los lectores; es esa mujer que va a renovar el documento de Identidad y le pregunta el funcionario: ¿profesión? Ella responde: “profesora, enfermera, psicóloga, administradora, cocinera, limpiadora…”señora no continúe; que no cabe”. Y es cierto, que madre de familia no realiza todos estos y muchos más trabajos al día, en su hogar.
Yo recuerdo que al llegar a mi casa, nunca faltaba mi madre, por eso escogí luego una profesión que me permitiera estar menos tiempo fuera. Pero, ¿y cuándo mis hijos eran pequeñitos o cuándo alguno caía enfermo? El apuro no era menudo. Entonces mi marido y yo, tomamos la decisión que yo me quedaría en casa, para realizar la mejor empresa. El hogar familiar, adonde la presencia de la madre es insustituible.
¿Es que hay que distinguir a la mujer que percibe un sueldo por el trabajo que hace en una empresa, a la que trabaja cada día en su hogar para que todo funcione?
Personalmente, cada día que pasa estoy más convencida de ejercer de esposa y madre, aunque en los tiempos que corren, se les da muy poco valor a las mujeres que decidimos por ello. Nunca tendrá recompensa, –aunque las “feministas rancias” intenten humillarnos y despreciar nuestro papel-, la aportación que una madre de familia puede hacer a sus hijos, formándolos en profundidad, en los aspectos más básicos, pudiendo hacer de ellos, a su vez, otros formadores, de modo que se cree una cadena ininterrumpida de responsabilidad y de virtudes, es lo más valioso que puede hacer una mujer.
Acaso esta opción que yo he tomado libremente no se la puede considerar ¿Mujer trabajadora?
María Muñoz
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario